Pierre Viret: Una Biografía Breve

PRIMEROS AÑOS Y CONVERSIÓN: 1511-1531 VIret PortraitSM

Pierre (Pedro) Viret vi-rey nació en 1511 en Orbe, una pequeña ciudad en el Cantón de Vaud (Suiza en la actualidad), en una familia católica devota. Su padre Guillaume era un comerciante de telas y sastre. Pierre, sin embargo, no tenía ningún deseo de seguir el oficio de su padre, incluso cuando era un niño, se encontró así mismo buscando a Dios. “Yo me di naturalmente a la religión,” comentó posteriormente, “lo cuál, no obstante, ignoraba en ese momento.”[1] Su maestro de escuela, Marc Romain, era un seguidor de Lutero, y es muy probable que, aún siendo un niño en su pequeño pueblo de Orbe, Viret estuviera expuesto a las enseñanzas de la Reforma.[2]

Los padres de Viret pronto se dieron cuenta de la aptitud de aprendizaje de su hijo y después de que el niño completara sus estudios en la escuela del pueblo, lo enviaron a Paris a estudiar para sacerdote. Él asistió a la Universidad de Montaigu al mismo tiempo que también Calvino fue inscrito como alumno. Fue durante la universidad que Viret se convirtió a la Fe Protestante. El joven rechazó el Catolicismo Romano y huyendo de la fortaleza Católico Romana de París regresó a su natal Orbe.

MINISTERIO EN ORBE Y LOS POBLADOS CERCANOS: 1531-1534

Al regresar a su natal Orbe, Viret, a la edad de 20, Guillaume (William) Farel le suplicó que se convirtiera en el pastor de la Iglesia del pueblo. Viret, de una “disposición modesta y tímida”[3] natural en él, al principio no estaba muy dispuesto a aceptar ese puesto. Sin embargo, a causa de la insistencia continua de Farel, Viret finalmente aceptó. Él predicó su primer sermón el 6 de Mayo de 1531. Multitudes se reunieron para escuchar al joven predicador y se maravillaron de la elocuencia y sabiduría del hombre que ellos habían conocido desde la infancia. La predicación de Viret era concurrida, recibida tanto con admiración como con gozo por la gente en general.

Muchas almas se convertían con las predicaciones de Viret, pero lo más importante para el joven pastor era la conversión de sus dos padres Católico Romanos. Como lo mencionó más adelante, “Tengo mucho por que dar gracias a Dios ya que le plació usarme para traer a mi padre y a mi madre al conocimiento del Hijo de Dios… Ah! Si el no hubiera usado mi ministerio para otra cosa, yo habría tenido una buena razón para bendecirlo.”[4]

La pequeña reunión de creyentes Reformados en Orbe rápidamente se multiplicó bajo la predicación de Viret, tanto así que para la Pascua del año siguiente (1532) Viret le dio la comunión a setenta y siete creyentes, incluyendo a sus dos padres.

Durante los siguientes tres años, Viret viajó a varios de los pueblos cercanos para continuar con su trabajo de Reforma. Acompañado por Farel, viajó primero a Grandson, un pequeño poblado al norte de Orbe, el cuál fue rápidamente ganado al Evangelio bajo la predicación de los Reformadores. Después de eso Viret fue a Payerne, un pequeño poblado que colinda con el cantón Católico de Fribourg. Probablemente fue aquí donde el joven predicador se enfrentó con su oposición más mortal. La ciudad era fuertemente Católico Romana y protestaron violentamente en contra de la predicación de la “nueva Fe.” Viret declaró que su enseñanza no era más que la verdad de la Palabra de Dios e insistió en una discusión pública, en la que a ambos, Católicos y Reformadores, se les permitiera argumentar su caso con la Escritura. El Concilio de Payerne finalmente accedió a su petición y se estableció una fecha. [5] No obstante, la noche previa a esta discusión, mientras que Viret estaba regresando a su casa, fue emboscado por el sacerdote del monasterio de Payerne, quien esperó al Reformador en un campo solitario. El sacerdote asesto varios golpes en la espalda con su espada al joven predicador y lo dejó a que muriera. Descubierto por sus amigos, Viret casi muerto, fue atendido cuidadosamente hasta recuperar la salud, aunque llevó consigo las cicatrices del encuentro por el resto de su vida. Es mu probable que fuera esta noche la que Viret tuviera en mente algunos años más tarde cuando se dirigió a los Católicos en la Discusión de Lausanne: “Nosotros preferimos que hablen con nosotros públicamente,… en lugar de esperarnos en los campos para matarnos, de lo cuál nuestras espaldas dan testimonio.”[6]

TRABAJO EN GINEBRA: 1534-1536

En 1534 Viret viajó a Ginebra a para ayudar a Farel a difundir la Reforma en esa ciudad. Ginebra al principio fue hostil a la enseñanza de los nuevos predicadores y la vida de estos hombres jóvenes muchas veces estuvo en peligro. Ante la instigación de las autoridades Católicas de la ciudad, una mujer, Antonia Vax, fue persuadida de eliminar a Farel y a Viret, así como a su acompañante Froment, sirviéndoles una sopa de espinaca envenenada. A Froment lo llamaron justo cuando se sentó a comer y Farel pidió algo más de comer argumentando que la sopa era muy pesada. A Viret, todavía pálido y débil por la herida recibida por el sacerdote Católico en Payrene, Antonia Vax le aseguró que la sopa le ayudaría para recuperar su salud. Así que confiado, Viret obedientemente se comió toda la sopa del plato envenenado. Se puso muy grave y por algún tiempo estuvo a punto de morir.

Al escuchar las noticias, la gente del pueblo de Ginebra lamentó la pérdida inminente de su amado Viret, exclamando: “¿Debe ser la Iglesia robada de tal perla?… ¡Pobre Viret! ¡Pobres reformadores!… Heridas de espada por la espalda, veneno de frente… ¡Son esas las recompensas para quienes predican el Evangelio!”[7]

Viret fue llevado a la casa de uno de los consejeros de la ciudad, Michael Balthasard, para que su esposa, Pernette, pudiera cuidar del reformador convaleciente. Bajo su cuidado meticuloso Viret finalmente se recuperó, aunque sufrió de los efectos del veneno por el resto de su vida.

Este episodio, aunque de tanto detrimento para los Reformadores, también provocó mucho daño a sus adversarios, porque ahora muchos veían con sospecha y desprecio a aquellos hombres quienes pudieron rebajarse a tan vil crimen. Poco más de un año después, el 21 de Mayo de 1536, el Consejo General de Ginebra aceptó oficialmente la Reforma. La noticia fue recibida con gozo y acciones de gracias por los Reformadores, quienes finalmente empezaron a ver el fruto de su arduo trabajo.

Dos meses después Juan Calvino entró a Ginebra, planeando permanecer sólo por la noche. Sin embargo, Farel tenía otros planes para el joven Reformador y, con Viret, visitaron donde se alojaba Calvino y lo persuadieron de quedarse y predicar en la ciudad que acababa de ser recientemente ganada para la Reforma. Fue este trío – Viret, Farel y Calvino – este Triunvirato, como estos tres Reformadores muchas veces eran llamados, que Dios utilizó poderosamente para avanzar Su obra entre los franco parlantes de Suiza.

MINISTERIO EN LAUSANNE Y LA FUNDACIÓN DE LA ACADEMIA: 1526-1559

Forzado por Farel, Calvino aceptó el puesto de pastor en Ginebraa. Viret, por lo tanto, estaba libre para continuar la Reforma en otra parte. Él muy pronto de una manera providencial fue llevado a la ciudad de Lausanne, la cuál acababa de quedar bajo la autoridad de Bern. Lausanne, la capital de Pays de Vaud, era una ciudad clave para ser ganada por la Reforma, pero estaba profundamente hundida en el Catolicismo Romano y Viret encontró que su trabajo como pastor Protestante abundaba con dificultades.

Muchos fueron los adversarios que Viret encontró en Lausanne. Pero, Viret sólo buscaba declarar la verdad pura y santa de la Escritura, permitiendo que sus adversarios encontraran errores en la enseñanza de la Palabra de Dios y se abstenía de predicar. Como el mismo lo declarara: “[Yo] estoy de acuerdo en ser castigado con la mayor severidad si algún sacerdote o monje pueden convencer [me] de haber enseñado algo contrario a la Palabra de Dios.”[8] Sin embargo, él también buscó mantener a sus oponentes en el mismo nivel, presionando a los monjes y a los sacerdotes Católicos ya fuera a defender su postura desde la Escritura o a conformarse a sí mismos a su enseñanza.

Durante los primeros meses de Viret en Lausanne uno de estos adversarios, un tal Jacobin, predicó fuertemente en contra de la Reforma y de las doctrinas de Viret. Para combatir esto, Viret le pidió al Concilio una discusión pública en la que los asuntos a debatir pudieran ser discutidos de una forma razonable. Jacobin accedió, pero estipuló que el debate fuera sostenido en Paris, Dole o Avignon (fortalezas Católicas), no en Lausanne. Ante esta idea Viret respondió: “Si él desea defender su doctrina en esos lugares, entonces debe también predicar y engañar antes que en otro lugar aquí, pero viendo que él ya ha engañado en Lausanne y ha herido al pueblo, tan sólo es justo que también haga reparaciones aquí.”[9] Confrontado con esta lógica, Jacobino decidió abandonar la ciudad.

Durante su estancia en Lausanne los magistrados de Berna fundaron una Academia Reformada en la Catedral. La nueva academia presumió de tener muchos renombrados teólogos como profesores, entre ellos Theodore de Beze, el hombre quien más adelante fue escogido para ser el sucesor de Calvino en Ginebra. Algunos de los estudiantes entrenados en la academia de Viret fueron Zacarías Ursinus y Casper Olevianus, los autores del Catecismo de Heidelberg de 1562 y Guido de Bres, autor de la primera Confesión Reformada, la Confesión de Bélgica de 1561. Robert Linder señala la importancia de la Academia de Lausanne de Viret.

Conforme pasó el tiempo, la escuela jugó una cada vez más importante parte en la Reforma en las áreas de habla francesa en Europa. Ex sacerdotes y quienes fueron anteriormente monjes estudiaron para el ministerio Reformado ahí y muchos estudiantes empezaron a venir a la Academia de fuera de Pay de Vaud.[10]

Un año después de haber comenzado la Academia de Lausanne, Viret conoció su gozo personal cuando el Señor le proveyó con una ayuda idónea apropiada para él. El Domingo 6 de Octubre de 1538, Viret y Elizabeth Turtaz, una dama de Orbe, se casaron. Guillaume Farel dirigió la ceremonia. Dos meses después, el 31 de Diciembre, Viret fue hecho regresar a Ginebra después de que Calvino fuera desterrado de la ciudad. El espíritu amoroso de Viret y su carácter amable lo hicieron favorito entre los genovianos y ellos anhelaban tenerlo nuevamente como su pastor. Como Jean Barnaud lo afirma, Viret trabajó “para reconstruir las ruinas, vendar las heridas, reconciliar a los caídos y a los elementos opuestos. Con su carácter benévolo y pacífico, Viret estaba admirablemente calificado para esta labor, la cuál además, llevó a cabo exitosamente.”[11]

Viret permaneció en la ciudad durante un año, durante este tiempo instó al Concilio en varias ocasiones para hacer volver al exiliado Calvino. “El Maestro Pierre Viret,” dice el registro con la fecha del 28 de Febrero, “ha mostrado que sería muy conveniente volverle a escribir al Maestro Calvino. Ordenó que se le escribiera.”[12] Finalmente, por las constantes apelaciones de Viret, el Concilio escuchó sus súplicas y el 1º de Mayo enviaron a llamar de regreso a casa a su pastor anterior. Sin embargo, Calvino no estaba en lo absoluto deseoso de regresar a los problemas y dificultades que le esperaban en Ginebra y al principio rechazó la propuesta de Viret de regresar, escribiéndole el 9 de Mayo, “Me tuve que reír en la parte de la carta donde te muestras preocupado por mi salud. ¿Puedo prosperar en Ginebra (de entre todos los lugares)? ¿Por qué no mejor me crucifican ahora mismo? Hubiera sido más que suficiente morir de una vez por todas ahí, ¿por qué querría que se me acumulara más tortura otra vez? Por lo tanto, mi Viret, si quieres lo mejor para mí, olvídate de esa idea.”[13]

Mientras que tenazmente se rehusaba a regresar a la problemática ciudad de Ginebra, Calvino al mismo tiempo estaba albergando esperanzas de la reforma de la ciudad después de saber de la llegada de Viret a ese lugar. En Febrero de 1541, le escribió a Farel expresándole su certeza acerca de los efectos benéficos de la influencia de Viret en la basta población: “Fue un gozo muy especial para mí saber que a la Iglesia de Ginebra se le ha provisto con la llegada de Viret… ahora preveo que el asunto está fuera de peligro.”[14]

A pesar de los rechazos firmes de Calvino, Viret no iba a ser disuadido de su rumbo y continuó implorándole a su amigo que regresara a su posición en Ginebra. “No puedes imaginarte,” le escribió a Calvino, “la atención con la que escuchan mi discursos y qué multitud es atraída… en la república reina tal tranquilidad, está completamente transformada y ha tomado una apariencia completamente nueva.” También Bernard utilizó su influencia con el renuente Calvino, escribiéndole para asegurarle que: “Ginebra es una nación nueva, renovada con la ayuda de Dios por medio de la labor de Viret.”[15]

Después de muchas súplicas, Calvino finalmente fue persuadido de regresar a la ciudad. Viret con mucho gusto lo ayudó en su reincorporación. Como Michael Bruening señala: “La presencia de Viret en Ginebra en ese tiempo fue esencial para vencer la renuencia inicial de Calvino de regresar a la ciudad y de ayudarlo en sus esfuerzos de reformar una vez que llegara.”[16]

La Ginebra que se encontraron los ojos de Calvino a su regreso no era la que él había dejado. Como lo señala un testigo ocular: “una nueva Ginebra, regenerada por la labor del Maestro Viret.” Viret – en su humildad característica – aludió el crédito a otra fuente: “Todos estamos obligados a reconocer y admitir que esto es la mano del Señor.”[17]

Cuando Calvino se estableció una vez más en Ginebra, Viret deseó regresar de inmediato a su función pastoral en Lausanne, pero fue persuadido a permanecer varios meses en Ginebra para ayudar a Calvino. Farel, escribiéndole a los pastores de Zürich, señaló la importancia de la presencia de Viret en la ciudad de Ginebra en ese momento crucial: “Si Viret es regresado [a Lausanne], entonces ¡seguramente Calvino y la Iglesia de Ginebra quedará en ruinas una vez más!”[18] También Calvino compartió la opinión, tal y como la señala Michael Bruening.

Después de un gran retraso, que requirió de una extensión de seis meses del permiso de ausentarse de Viret [de Lausanne], Calvino finalmente regresó a Ginebra en Septiembre de 1541. Viret había ayudado a estabilizar la iglesia de Ginebra, haciendo posible que Calvino estableciera la implementación de sus reformas inmediatamente a su llegada. Frente a esta tarea intimidante, él insistió que Viret permaneciera a su lado para ayudarle. Tres días después de su regreso, Calvino le dijo a Farel: “También mantuve a Viret conmigo, a quien absolutamente no permitiría que me fuera quitado.” Ahora fue Calvino quien buscó persuadir a Viret de que lo necesitaba en Ginebra. Él le explicó a Farel: “Si Viret se va, estoy completamente acabado, no seré capaz de mantener viva la iglesia. Por lo tanto, espero que tú y los demás me perdonen si muevo todas las piedras necesarias para asegurar que no sea privado de él.” Calvino difícilmente es conocido por arranques emocionales, no obstante, este lenguaje indicó cuán preciado como recurso él consideraba que era su amigo durante los primeros meses de regreso en Ginebra.[19]

Viret, después de terminar su obra en Ginebra, regresó a Lausanne en 1542. Su ausencia había sido muy perjudicial para la salud de la iglesia, la cual encontró en un estado terrible. A su regreso le escribió a Calvino: “Llegué, vi, quedé estupefacto (veni, vidi, obstupui). Si tan solo lo que había escuchado acerca del estado de la iglesia no fuera tan cierto.”[20] Viret continuó describiéndole a su amigo las necesidades desesperadas en los que la Iglesia había caído. Calvino, respondiendo a la carta expresó su preocupación para que Viret no pereciera bajo el peso de sus problemas. Como a un hermano le suplicó a Viret que se cuidara y que mantuviera a Calvino al tanto de su salud y condición:

Claudius Francus deseaba enormemente que vinieras a su boda que se celebrará el domingo ocho, pero preferiría que esperaras, para que te puedas recuperar un poco de estas preocupaciones y penas que te atormentan… Te confieso que tengo miedo al pensar en ti. Te suplico que no permitas que nadie venga aquí sin traer cartas tuyas o algo que me permita saber cómo estás.[21]

Impávido, Viret continuó con su ministerio como pastor, así como enseñando en la Academia. Su vida, sin embargo, muy pronto iba a ser perturbada por una tragedia aún mayor. En 1545 la esposa de Viret, Elisabeth, cayó enferma y a pesar de los desesperados esfuerzos de Viret de que se repusiera de su decadente enfermedad, murió en Marzo del siguiente año. Escribiendo acerca de su muerte a un amigo cercano, Viret escribió: “El Señor me ha tratado con este golpe doloroso… con la muerte de mi muy amada esposa. Él se ha llevado la mitad de mi, Él me ha privado de una compañía fiel, una madre excelente, una esposa tan bien adaptada a mis hábitos, gustos y ministerio. Estoy muy afligido por este golpe que parezco un extraño para mí en mi propia casa. Pero le pareció bien al Señor, cuya voluntad siempre es justa y para quien le he parecido no merecedor de disfrutar por más tiempo tal comodidad, …ella nunca afectó mi ministerio, por el contrario lo honró con su fe, su piedad, su integridad y otras raras virtudes que Dios le dio.”[22]

La pena de Viret fue tan grande que sus amigos temían que no se recuperara de este golpe. De hecho, rápidamente se propago un rumor por toda Ginebra acerca de que en realidad él había sucumbido a su pena y había regresado a morir a su natal Orbe.[23] Ginebra cayó en un escándalo y la consternación de Calvino fue indescriptible. Pero el mismo día en que este rumor les llegó, también llegó una carta de Viret asegurándole a sus lectores de la falsedad del reporte. Con un profundo alivio, Calvino le escribió a su amigo exclamándole: “Me gozo de no haber sido obligado a pasar una sola noche en duelo, porque nunca la habría soportado.”[24]

A pesar de la falsedad del rumor, Calvino estaba bastante preocupado por su amigo y escribió suplicándole a Viret que fuera a Ginebra por un tiempo: “Ven a distraerte, no sólo de tu pena, sino también de todos tus problemas. No tienes que tener miedo de que te imponga algún trabajo. Me voy a encargar de que disfrutes tu propio placer en la tranquilidad. Si alguien te molesta, yo me encargaré de ellos.”[25] A pesar de la conmovedora carta de Calvino, Viret no podía liberarse de su trabajo en Lausanne. Sin embargo, Calvino no iba a ser disuadido y le volvió a escribir, rogándole a Viret que fuera. Esta vez fue más lejos y le envió un caballo para llevar a Viret a Ginebra, para que no se cansara en el camino. Así es que, presionado por su amado amigo, Viret ya no se podía rehusar y dejando Lausanne por un corto tiempo, viajó a Ginebra para disfrutar de la compañía y la consolación de su compañero reformador.

Más adelante en ese año, Viret fue vuelto a llamar para regresar a Ginebra y mediar en dos conflictos diferentes que involucraban a Calvino y ciertos desertores. Las habilidades de mediador de Viret muchas veces fueron requeridas a lo largo de su ministerio y fue invitado a viajar a muchas ciudades para mediar riñas entre hermanos. Las habilidades de pacificador de Viret fueron particularmente de beneficio para Calvino, quien frecuentemente utilizra a su amigo cercano en este papel a lo largo de su ministerio turbulento en Ginebra y en otras partes. En 1547 Calvino le escribió a Viret para una de estas riñas, suplicando por su ayuda y exclamando: “Aquellos que anhelan tranquilizar la situación sin problemas, esperan que seas el pacificador propicio.”[26] Aún los enemigos de Viret le pedían ayuda, sabiendo que ellos podían encontrar en él un juicio justo y parcial.

En Enero de 1559 le esperaba otra tragedia a Viret. Una disputa acerca de la disciplina de la iglesia y la administración de la Cena del Señor se levantó entre los pastores Reformados y las autoridades berneses. La controversia terminó con la expulsión de Viret y muchos otros de Lausanne. Viret, junto con la mayoría de los profesores y estudiantes de la Academia se fueron a Ginebra. Tan sólo cinco meses después, Calvino fundó su Academia de Ginebra, dándole trabajo a los profesores que huyeron de Lausanne.

EL MINISTERIO DE VIRET EN FRANCIA: 1559-1571

El gozo de Ginebra al recibir a su antiguo pastor de regreso después de un “préstamo” de veintidós años a Lausanne apenas si puede ser descrito. La ciudad recibió al Viret exiliado con aclamaciones y brazos abiertos. El 2 de Marzo el Concilio se reunió y declaró que Viret debía “ser recibido aquí y se le debían dar 400 florines al año y dos barriles de vino.”[27]

Viret fue asignado inmediatamente a la Iglesia de St. Germani para predicar ahí, pero las multitudes que se agolpaban para escuchar sus sermones era tan numerosas que se tuvo que encontrar un lugar nuevo para acomodar a la multitud. El Concilio, por lo tanto, determinó en Junio mover las predicaciones de Viret a la iglesia más grande de St. Pierre, la cuál proveería un espacio más amplio para las masas deseosas de asistir a los sermones.[28]

Sin embargo, el tiempo de Viret en Ginebra fue reducido debido a una enfermedad grave. En Abril de 1561 se sintió bastante mal y temiendo que su enfermedad lo llevara pronto a la tumba, Viret elaboró su testamento el 12 de Abril.[29] En cuanto a su enfermedad él escribió: “Me dio una enfermedad con la cuál mi cuerpo fue muy debilitado y me abatió demasiado que a mi juicio no puedo esperar otra cosa sino descender a la tumba. Ya que nunca he tenido antes una enfermedad que me haya traído tan cerca de la tumba, ni siquiera cuando fui envenenado por medio del arte y la astucia de los enemigos del Evangelio.”[30]

Durante los meses de verano la salud de Viret fue parcialmente restaurada, pero en cuanto se aproximó el invierno, sus doctores lo animaron a buscar un clima más templado al sur de Francia. Por este motivo, Viret dejó Ginebra en septiembre y viajó a Francia. Su reputación era tan grande que de inmediato se le dio autoridad en las iglesias francesas adonde quisiera ir. “Las ofertas le llovían requiriendo que Viret fuera a lugares tales como Orleans, Avignon, Montauban y Montpellier.”[31]Su actividad en Francia fue extraordinaria, especialmente considerando su enfermedad a principios del año. Cuando Viret llegó a Francia, las iglesias por todas partes del país lo buscaban. Las iglesias de Nimes y Paris incluso enviaron delegados a Ginebra para pedir oficialmente sus servicios.”[32] Viret viajó primero a Lyon y después a Nimes.

La ciudad de Nimes recibió a Viret con gran calidez. Las iglesias no eran lo suficientemente grandes para contener a las multitudes que buscaban escucharlo y Viret se vio en la necesidad de predicar en los campos. Las multitudes respondieron ansiosamente a la Palabra de Dios y el 4 de Enero de 1562, en un servicio que duró de las 10:00 a las 4:00, Viret les dio la comunión a más de 8,000 creyentes.

Amigos y enemigos por igual se sintieron atraídos por la dulzura y gentileza de la predicación de Viret. Cuando predicó un día en el campo en Vaunage, los de antes y los monjes del monasterio vinieron a escuchar las palabras de este hombre. Viret le explicó a su audiencia las maravillas del Evangelio y las bendiciones del Redentor, y como la Escritura lo promete, sus palabras no regresaron vacías. Como escribiera Lichtenberger: “El éxito fue completo. Los sacerdotes, los oficiales,…se volvieron Protestantes y el monasterio consagró la mitad de sus ingresos a la evangelización y la otra mitad para ayudar a los pobres.”[33]

Mientras estuvo en Nimes, Viret predicó todos los Domingos y los Miércoles a multitudes cada vez más crecientes. También fue contratado como profesor de teología en la Academia local, así como actuó como pacificador en varias disputas de iglesias.

Como la licencia de Viret para ausentarse de Ginebra estaba por terminarse, el Concilio de Nimes se aterrorizó más de perder a su pastor. En un esfuerzo de retenerlo, enviaron a una delegación al Concilio de Ginebra en Diciembre, escribiendo: “La cosecha sobrepasa lo esperado y el hambre es intolerable… Necesitamos segadores… En el nombre del Dios que ustedes honran, les rogamos y suplicamos con nuestro más grande afecto que lo dejen [Viret] con nosotros.”[34] A pesar de la desesperación obvia de la carta, el Concilio de Ginebra no les concedió su petición. En realidad, ellos estaban tan abrumados con tantas cartas pidiendo la presencia de Viret que ellos finalmente decidieron dejar que Viret decidiera a donde ir. Los requerimientos llegaron de Montpellier, Montauban, Orleans e incluso de Paris. Viret finalmente decidió ir a Montpellier, donde la necesidad de un pastor Reformado realmente era grande, él entró en esa ciudad en Febrero de 1562.

Así como en Nimes, los esfuerzos de Viret tuvieron un éxito excepcional en Montpellier. “Resultados espectaculares continuaron con grandes cantidades siendo ganadas para el lado de la Reforma incluyendo a casi toda la facultad completa de la famosa universidad de medicina de Montpellier.”[35] Después de una breve estancia en Montpellier, Viret aceptó una invitación a Lyon a finales de Mayo, donde permaneció durante los siguientes tres años. El Concilio de la Ciudad de Lyon, al escribirle al Concilio de Ginebra, expresó su deuda conViret en Noviembre de 1562: “Obtenemos más apoyo y ayuda de sus discursos aprendidos y piadosos, que de nuestro ejército completo…”[36] “Sin su presencia sería imposible para nosotros mantener nuestros soldados a su servicio.”[37]

Durante su ministerio en Lyon, Viret tuvo la oportunidad de pasar por Valance, que en ese tiempo estaba bajo la autoridad del líder Protestante Francois de Beaumont. Mientras estuvo ahí, Viret supo de la ejecución prevista para Edmond Auger, un Jesuita. Bajándose de la plataforma e interponiendo su vida misma para salvar a este hombre, Viret persuadió a las autoridades para mostrar clemencia al hereje y de este modo rescatar a su enemigo de su muerte inminente.

En Marzo de 1563 el ministerio de Viret fue severamente amenazado por la emisión de un Edicto Real que prohibía que todos los pastores nacidos en el extranjero ministraran en Francia. No obstante a pesar del edicto, Viret fue exento de esto a petición de los mismos Católicos.

Aunque el trabajo del ministerio demandaba mucho del tiempo de Viret, él todavía encontraba oportunidad para escribir. Su erudita producción era inmensa, era un autor prolífico, escribiendo más de cincuenta libros. Sus obras fueron las más vendidas en su tiempo y fueron traducidas a muchos idiomas incluyendo el alemán, italiano, inglés, holandés y latín.

Aunque las obras de Viret exhibían gran profundidad en su trato de temas teológicos, no obstante escribió de una forma tan informal, en un estilo fácil de comprender que el más sencillo campesino podía comprender sus palabras. En realidad, su estilo simplista de tratar verdades teológicas profundas hizo que sus libros fueran de beneficio tanto para los recién convertidos como para los teólogos más profundos. Como el historiador suizo Emile Doumergue señaló acerca de la Instrucción Cristiana de Viret: “[Viret] escribió ‘para la gente pobre,’ no tenía miedo de ser ‘infantil con los niños, ni de usar términos rústicos para los rústicos.”[38]

Mientras que estuvo en Lyon, Viret completó su mayor obra literaria, sus tres volúmenes de Instrucción Cristiana de la Doctrina de la Ley y el Evangelio, una obra que compite con los Institutos de Calvino. Sin embargo, a pesar de que la obra es realmente una obra maestra de teología profunda, el libro está escrito en el estilo fácil de Viret y como Viret mismo lo señalara en su prefacio del tomo: “esta ‘muy familiar exposición’ está dirigida a “los pobres de mente sencilla y al más ignorante… de la manera más clara, familiar y popular que podría ser posible para mí… Cuando se trata de una cuestión de enseñanza de lo más sencillo, es mucho mejor ser extenso y claro que breve y obscuro.”[39]

El ministerio de Viret en Lyon fue suspendido repentinamente por un giro de eventos inesperado. Edmond Auger, el Jesuita que Viret rescató dos años antes, se mudó a Lyon en 1565 y trabajó incansablemente para expulsar a Viret de Francia. Lo programado por el Jesuita probó ser exitoso y el 27 de Agosto Viret por decreto real le fue ordenado abandonar Francia en el plazo de ocho días. Sus amigos, furiosos por la forma en la que Auger había pagado la bondad de Viret expresaron su ira al reformador. En su habitual estilo Viret respondió: “Lo que el hombre intenta para mal, Dios lo usa para bien.”[40]

Viret huyó de Francia y se refugió en Orange, que en ese entonces estaba bajo la autoridad de William de Nassau. Sin embargo, los enemigos de Viret continuaron persiguiéndolo y fue forzado a dejar Orange casi al final de 1566. Él viajó a Bearn, donde fue recibido cordialmente por Jeanne d’Albert, quien nombró a Viret superintendente de la Iglesia de Bearn.

En 1568 estalló la tercera guerra civil francesa. Viret, junto con otros once ministros Reformadores, fueron capturados por las fuerzas Católicas de Pau en Marzo de 1569 y fue puesto encarcelado en el castillo de Chabanay.[41]La mayoría de los ministros fueron ejecutados, pero los Católicos perdonaron a Viret: “en su mayor parte por la reputación positiva de la que gozaba aún entre sus enemigos eclesiásticos.”[42] Viret fue rescatado poco tiempo después (Agosto) y regresó a su ministerio en Bearn.

En Abril de 1571, después de una vida larga y difícil – aunque bastante fructífera – Pierre Viret murió a la edad de 60. El lugar de su muerte es desconocido, pero el final glorioso de este hombre de Dios está muy bien capturado en las palabras del historiador francés Jean Cart.

Ante la idea de su muerte desconocida, en la tierra del exilio, y de esta tumba que nunca veremos, nosotros con confianza repetimos las palabras de las Sagradas Escrituras: “Estimada es a los ojos del SEÑOR la muerte de sus santos.” (Salmos 116:15). Viret fue uno de esos muy amados del Señor, una de esas almas excepcionales quien, después de haber sido vencido por la gracia, rindió su todo completamente a su Maestro y se dedicó sin reservas a Su servicio. Amor por Dios – esta es la bandera de los soldados de Cristo, esto es lo que en el día de la batalla hace de cada uno de ellos un héroe o un mártir.[43]

 

 

[1] Como es citado en J.H Merle D’Aubigne, D.D; Historia de la Reforma en Europa (Sprinkle Publications, Harrisonburg, VA, 2000), pág. 220

[2] Robert Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret (Geneva, 1964), pág. 19

[3] Emile Doumergue, Lausanne en tiempos de la Reforma (Georges Bridel & Cie Editeurs, Lausanne, 1902), pág. 11

[4] D’Aubigne, Historia de la Reforma en Europa, págs. 223-224

[5] J. Cart, Pierre Viret, le Reformateur Vaudois (Lausanne, 1864), págs. 54-55; ver también Jean Barnaud, Pierre Viret: Sa vie et son oeuvre (Saint-Amans, 1911), pág. 74

[6] Doumergue, Lausanne en tiempos de la Reforma, pág.14

[7] D’Aubigne, Historia de la Reforma en Europa, Vol. V, pág. 248

[8]Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret, pág. 24

[9] Como es citado en Henri Jaquemot, “Viret: Réformateur de Lausanne,” Thèse présentée à la Faculté de Théologie de Strasbourg (Strasbourg, Agosto, 1836), pág. 21

[10] Jaquemot, “Viret: Réformateur de Lausanne,” pág. 21; Antoine Belluc, “Pierre Viret,” Thèse à la Faculté de Théologie Protestante de Montauban (Montauban, Julio, 1854), pág. 13

[11] Robert Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret (Ginebra, 1964), pág. 27

[12] Barnaud, Pierre Viret, pág. 205

[13] Felix Bungener, Calvino: Su vida, Su Labor y Sus Escritos (T. & T. Clark, 1863), pág. 162

[14] Como es citado en Michael W. Bruening, “Pierre Viret y Ginebra,” Archivo de la Historia de la Reforma, Volúmen 99 (2008), pég. 180

[15] Calvino a Farel, Febrero 19, 1541, citado en Jaquemot, “Viret: Réformateur de Lausanne,” pág.30

[16] Barnaud, Pierre Viret, pág. 205

[17] Bruening, “Pierre Viret y Ginebra,” pág. 176

[18] Viret a Calvino, Febrero 8, 1541, citado en Henri Vuilleumier, Notre Pierre Viret (Librairie Payot & Cie, Lausanne, 1911), pág. 86; Jaquemot, “Viret: Réformateur de Lausanne,” page 31

[19]Vuilleumier, Notre Pierre Viret, pág. 87

[20]Bruening, “Pierre Viret y Ginebra,” pág. 184

[21] Como es citada en Michael W. Bruening, El Primer Campo de Batalla del Calvinismo: El Conflicto y la Reforma en Pays de Vaud, 1528-1559 (Springer, Dordrecht, The Netherlands, 2005), pág. 179

[22] Calvin a Viret, Agosto1542, citado en Jaquemot, “Viret: Réformateur de Lausanne,” pág. 34, nota.

[23] Viret a Watteville, Marzo 8, 1546, citado en Doumergue, Lausanne au temps de la Reformation, pág. 46

[24] Jaquemot, “Viret: Réformateur de Lausanne,” pág. 42

[25] Calvino a Viret, citado en Doumergue, Lausanne au temps de la Reformation, pág. 46

[26]Calvino a Viret, citado en Barnaud, Pierre Viret, pág. 315

[27]Barnaud, Pierre Viret, pág. 322

[28]Barnaud, Pierre Viret, pág. 538

[29]Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret, pág. 39

[30]Bruening, “Pierre Viret y Ginebra,” pág. 188

[31] Ibid.

[32] Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret, pág. 43

[33] Bruening, “Pierre Viret y Ginebra,” pág. 194

[34] Frédéric Lichtenberger, Encyclopédie des sciences religieuses, Tome XII (Paris, 1882), pág. 407

[35] Barnaud, Pierre Viret, págs.567-568

[36]Linder, Las Ideas Políticas de Pierre Viret, pág. 43

[37]Ibid, pág. 46, nota a pie de página 107

[38]Barnaud, Pierre Viret, pág. 588

[39]Emile Doumergue, Lausanne au temps de la Reformation (Georges Bridel & Cie Editeurs, Lausanne, 1902), pág. 12

[40]Pierre Viret, Instrucción Cristiana (L’Age d’Homme, Lausanne, 2008), pág. 33

[41] Frédéric Lichtenberger,Encyclopédie des sciences religieuses, Tomo XII (Paris, 1882), pág. 408

[42] Philippe Chareyre

[43] Cart, Pierre Viret, le Reformateur Vaudois, págs. 157-158