¿La Virtud les Interesaba a los Romanos? ¿Y a los Mexicanos?

El Máximo Pecado

R. J. Rushdoony

RJ Rushdoony, Nuestra Libertad Amenazada: Una Perspectiva de la Amenaza del Estatismo1

El amor por la virtud de los romanos antiguos cedió a través del tiempo al amor del mal. Pocos romanos, sin embargo, querían admitirlo. En lugar de un amor abierto para el mal, disfrazaron su gusto por el pecado con un supuesto deseo de descubrir la fechoría. Como resultado, la revelación del mal en los lugares altos. Los escritores, tanto los importantes como los desconocidos, descubrieron que había un gran número de lectores interesados en los pecados de los distinguidos y poderosos. A la mayoría de los romanos les encantaba indignarse por los pecados de los poderosos mientras de hecho les envidiaban. Los escritores como Tácito, Suetonio y otros tenían un mercado listo para sus relatos de los escándalos en los lugares altos.

Las investigaciones por el senado también eran populares. Cada vez que había una audiencia del senado sobre la corrupción en el gobierno muchos asumían que era un gran paso hacia la salida. Era extensa la presuposición falsa que la condenación del mal hace a una persona justa.

Esto es una creencia peligrosa. Nadie se hace justo o moral por medio de condenar el pecado en las otras personas. La Biblia nos dice en Salmo 11:7: “Justo es el SEÑOR, y ama la justicia.” No nos dice que Dios bendice a los hombres por su interés en el mal sino sólo cuando son justos (Deuteronomio 28).

Hoy, este defecto de los romanos es nuestro defecto también. Hemos llegado a creer que nuestras denuncias del mal significan justicia de nuestra parte y hay personas a la izquierda y derecha de los asuntos políticos que piensan que son los buenos porque son fuertes al denunciar el mal. Más que unos pocos periódicos han sido exitosos, como muchos políticos, simplemente por desenmascarar y denunciar el mal. Pues, el imperio romano siempre tenía un coro ruidoso de denunciantes y pereció de todos modos. Entonces como ahora, la habilidad de investigar, denunciar y condenar el mal no es una garantía de la justicia.

A los romanos de antaño, así como a los mexicanos de hoy, les encantaba ver el mal revelado. Les encantaba hablar de los escándalos nacionales. El mal es interesante para la mayoría mientras que la justicia no tanto. En un convivio, de repente el anfitrión dijo, “Dejemos de hablar de los escándalos y el mal. Hablemos de algo bueno en cambio.” El resultado fue un silencio penoso. A nadie les interesaba hablar de la justicia. Pero la libertad descansa sobre la justicia. Sin la justicia, la libertad perece.

La Resurrección

La Resurrección

R. J. Rushdoony

R.J. Rushdoony, Una Palabra a Tiempo, Tomo II

La fe bíblica acerca de Jesús involucra y requiere creer que Él fue resucitado de la muerte en el mismo cuerpo en que sufrió la crucifixión. Jesucristo, por medio de su resurrección, destruyó el poder del pecado y la muerte. Además, mostró su victoria sobre los reinos del espíritu y la materia conquistando al enemigo en todos los reinos.

Si Jesucristo hubiera resucitado sólo de la muerte como un espíritu, se limitaría su victoria y su poder salvador al mundo del espíritu. Significaría que sería impotente para contestar las oraciones acerca de las cosas materiales porque su poder se extendería sólo a las cosas espirituales. Su pueblo sería impotente contra los poderes de este mundo y sin ley y sin recurso en este mundo.

Pero, porque Jesucristo resucitó de la muerte Él es Señor sobre todos los señores, Rey sobre todos los reyes, el legislador y supremo gobernador sobre todas las cosas, tanto material como espiritual. La oración es efectiva porque Él es efectivo. Así que podemos decir con el salmista, “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar” (Salmo 46:1-2)

Por esta razón, desde los primeros días de la iglesia hasta hoy, el Día de la Resurrección ha sido un tiempo de gozo porque establece la certeza de nuestra victoria en y a través de Cristo Jesús. San Pablo, en términos del hecho de la resurrección pudo declarar gozosamente, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55)

El mundo de hoy, al pasar de la fe en Dios a la fe en el hombre, ha pasado del gozo y la confianza al temor y las tinieblas. Nuestra prosperidad material no ha aumentado nuestro gozo porque aparte de la victoria cristiana la alegría de la vida drena de un hombre. Como San Juan hizo claro, “Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.” (1 Juan 5:4)

Nosotros, entonces, como somos el pueblo de la resurrección, tenemos que vivir en el gozo y la confianza de la victoria. Esto es nuestro destino, la victoria. La vida es raras veces fácil, pero con Cristo nuestro Rey siempre es buena. Generalmente estamos en la batalla porque los enemigos son muchos y las fuerzas del mal reales, pero nuestra victoria ha sido asegurada y manifestada por la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, podemos cantar con la iglesia antigua: “Adán es llamado de nuevo, la maldición está anulada; Eva está librada, la muerte está matada y somos hechos vivos. Por tanto, en himnos levantamos nuestras voces: Bendecido eres o Cristo nuestro Dios.”

El perdón ¿a quién?

El perdón ¿a quién?

Ricardo G. Ojeda

Durante la última semana se han desatado una serie de comentarios acerca de la petición del presidente López Obrador en la que pide al Rey de España se disculpe por la matanza a cargo de los españoles durante la Conquista de México. Los comentarios iban de lo risible a lo irreal, y me llamó mucho la atención que muchos defendían la postura del presidente porque decían “por fin un mandatario ha tenido el valor de exigir algo así”, como si estuviéramos en el barrio y por fin sale el valiente que le da la cara al que molesta a todos, una especie de orgullo tal vez, “al fin alguien de nuestro lado”. No debemos olvidar que México como Latinoamérica sufren de baja autoestima, y esta baja autoestima es según muchos gracias a que los conquistadores saquearon la riqueza de nuestras tierras, acabaron con culturas riquísimas, etc.  Y que desde entonces nunca hemos podido ponernos de pie. Este tipo de pensamiento en el que el hombre se victimiza a sí mismo diciendo que su entorno o agentes externos son los culpables de su miseria es característico de aquellos que rechazan la responsabilidad y por ende son desobedientes a Dios, nunca saldrán de este estado de víctimas, no porque no quieran, sino porque les gusta sentirse así.

Volviendo al tema del “perdón”, pienso que esta totalmente fuera de lugar, ya que, si nuestro pensamiento es centrado en el Pacto, no hablamos de perdón sino de confesión, arrepentimiento y restitución, ¿pero a quién? Es la pregunta, definitivamente esto no es entre naciones o pueblos. Si nuestra perspectiva de la historia es según el pacto, lo sucedido durante la Conquista se trató de un juicio por parte de Dios hacia un pueblo que hizo cosas detestables delante de Él, de la misma manera que Dios juzgó a muchas naciones rebeldes, incluyendo a Israel a manos de los romanos; recordemos que la cultura tan folclórica que vinieron a destruir los conquistadores fue una de las más sanguinarias si no la más sanguinaria que ha existido.

La Ley de Dios deja claro que solo la víctima es la que puede demandar justicia u otorgar el perdón, pero nunca un tercero, Dios es la víctima principal en cualquier ofensa y el hombre en segundo lugar. Aunque Dios ha juzgado naciones por ofenderle quebrantando Su ley, cada individuo es responsable directamente delante de Dios por sus acciones, quiéralo o no.

Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos.  Salmo 51:3-4

Entonces la petición del presidente queda fuera de lugar completamente, principalmente porque el es un tercero que no tiene autoridad legítima de demandar nada en este caso. Aunque parece irrelevante este tipo de acciones, no debemos olvidar la premisa básica en este tipo de casos, Dios es la principal víctima de cualquier ofensa en contra de nuestro prójimo. Mas que estar enfrascados en que quién pide perdón a quién, deberíamos evaluar si es que estamos siendo fieles a Dios, si no, reconocer y confesar nuestros pecados delante de Él, aprender de la historia y no cometer los mismos errores.

La confesión de Esdras por los pecados de Israel nos da un claro ejemplo de a quién ofendemos verdaderamente cuando nos apartamos de la Ley de Dios.

El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.  Nehemías 9:1-3

Si los españoles tienen de que disculparse, o más bien arrepentirse, es de sus pecados delante del Dios trino, por haberse apartado de Su Ley, no hacia México; de la misma manera los mexicanos debemos confesarnos delante de Dios por nuestra rebelión, no debemos perder el enfoque de ante quién rendimos cuentas. ¿O acaso ambos gobiernos no deberían pedir perdón ante Dios por esclavizar a su pueblo o por usurpar el rol de la familia, o por querer jugar a ser Dios?

He aquí el rol tan importante de la familia cristiana, dentro de la familia es donde se aplica la fe que permea toda la vida, es donde se moldea una cosmovisión basada en el pacto, la familia es el motor del orden social divino, si oramos “que se haga Tu voluntad en la tierra como en el cielo” es porque estamos dispuestos a empezar por la familia. Los hijos deben entender a quién verdaderamente ofenden cuando desobedecen la Ley de Dios y ante quién se arrodillan al confesar y pedir perdón por sus pecados.

Propósitos-Plan de Lectura Bíblica

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