¿Qué está Pasando con la Prosperidad?

Roger Oliver

En todo el mundo, la prosperidad posterior a la segunda guerra mundial está dando paso a problemas económicas graves y profundamente arraigados. No hace muchos años, se hablaba mucho acerca de los milagros económicos en Alemania Occidental. Después de la segunda guerra mundial, el Chanciller Erhard, influenciado por el economista, Roepke, llevó a Alemania de regreso a una economía más libre y notablemente próspera. Levantándose de las ruinas de la guerra, Alemania pronto llegó a ser una fuerza económica considerable y un país próspero. Ahora, sin embargo, la economía alemana está en serios problemas y su perspectiva es sombría y desagradable. La razón por este deterioro es evidente. Los alemanes han tratado de superar a las otras naciones europeas en sus programas de seguro social para la salud, la vejez y el bienestar. Como recientemente señaló Alfred Zanker, “Un asalariado recibe seis semanas de su sueldo completo mientras está enfermo y luego recibe 80% de su salario normal.” (U.S. News & World Report, enero 19, 1981, 32). Los trabajadores alemanes tienen derecho a cinco semanas de vacaciones con sueldo. El absentismo ha subido a 8.4% del horario programado; es 3.5% en los EEUU. Un gran número de trabajadores extranjeros han llegado para hacer el trabajo que los alemanes se rehúsan a hacer. De hecho, el trabajador extranjero del mundo Mediterráneo es un factor creciente en las poblaciones de Alemania, los Países Bajos, Suecia y otros países, igual que los inmigrantes ilegales en los EEUU.

Como resultado, Alemania Occidental está en apuros. Dos factores claves son evidentes en el problema de la economía alemana. Primero, el asistencialismo ha crecido tan rápido que ha llegado a ser un lastre económico. El asistencialismo, la educación y la burocracia han crecido al punto en el que ahora controlan 47% del producto nacional.

Segundo, la ética del trabajo se fue, o a lo mejor está disminuyendo. El estado de ánimo es relajarse y jugar, no trabajar ni producir. Sin una ética fuerte del trabajo, ninguna nación puede mantenerse fuerte por mucho tiempo.

Habiendo dicho todo esto, tenemos que añadir que lo que está pasando en Alemania también está pasando en los EEUU, Suecia, Gran Bretaña y en todas partes. El estatismo y el asistencialismo están creciendo y la moralidad y la ética del trabajo están disminuyendo. Todas estas cosas se suman a las aflicciones económicas.

Para tener una economía floreciente, necesitamos dinero sano y un desarrollo sano de la tecnología. Por importantes que sean estas cosas, no son suficientes. Lo que se necesita además es un cimiento moral y una ética del trabajo. Sin estas cosas, tanto la economía como la nación se van a deteriorar y también la libertad va a menguar.

A través de la historia, ha habido una conexión real entre la ética del trabajo, la moralidad y la libertad. Van juntos. Vivimos en un mundo de causalidad, no de casualidad. Para ser libres, tenemos que ser responsables, piadosos y productivos. Como todas las cosas, la libertad tiene su precio.

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