Los nuevos “expertos”

 

Ricardo García

La pregunta que seguramente muchos cristianos y no cristianos (a estas alturas de esta dichosa “pandemia”) tienen en sus cabezas pero que tal vez se niegan a exteriorizar es ¿debo hacer caso al consejo de los “expertos”? Sin duda este último año ha sido bastante revelador en varios aspectos, los más destacables son, el control excesivo por parte del Estado, y lo absurdo de las medidas sanitarias por parte de las autoridades, y ambos aspectos tristemente van de la mano, esto porque gracias al control excesivo, la gente está dispuesta a obedecer a toda costa sin importar lo absurdo de las medidas. Lo interesante es ver las continuas contradicciones por parte de las organizaciones y “expertos” que “velan” por nuestra salud.

Como cristianos debemos tener muy presente que la supuesta ciencia moderna esta arraigada en el humanismo, donde el hombre por medio de sus propios méritos pretende lograr su propia salvación, y donde el propósito fundamental es el rechazo de Dios y su Palabra-Ley como norma para todo ámbito de la vida. La ciencia moderna al estar arraigada en el humanismo de igual manera toma como bandera el evolucionismo que a diferencia del cristianismo que impulsa al hombre a ser responsable y autogobernado bajo Dios dependiente y confiando siempre en todo lo que sale de la boca de su creador, este impulsa al hombre a buscar su autonomía, su independencia, su propia salvación y la de su entorno.

Para que la ciencia moderna pueda subsistir necesita de un elemento importante, y este es una sociedad subyugada y esclava dispuesta a todo en beneficio del progreso y de una sociedad científica moderna. El negar la “ciencia” es negar el progreso, es negar la razón; y todo aquel que ose cuestionar a los “expertos científicos” no solo se le tilda de retrograda, sino que atenta contra el futuro mismo. En una sociedad de este tipo no hay lugar para la libertad. Los expertos necesitan de un lienzo en el cual puedan trazar a placer sus experimentos, sus innovaciones científicas. Un pueblo esclavo, que no cuestiona es el lienzo perfecto para llevar a cabo esto. La cuarentena obligatoria para sanos y enfermos, el uso del cubrebocas fueron y son medidas claramente cuestionables por su ineficacia, pero aún así la sociedad no solo opto por hacer caso omiso a expertos que no estaban en la nómina de ningún gobierno y que cuestionaban su eficacia, sino que también omitió el uso del sentido común.

La práctica de la ciencia moderna sumada al poder del Estado es equiparable a la practica de la magia en las culturas paganas, ya que la magia pretende tener control no solo del hombre sino del entorno y de aquello que va mas allá de lo natural, el científico moderno, humanista que juega a ser Dios, no dista tampoco de los chamanes, aunque tal vez sus métodos no sean anticuados, el fin es el mismo. Es paradójico el hecho de que una sociedad que piensa que por ir tomada de la mano de la ciencia va avanzando hacia al progreso realmente está caminando hacia el paganismo antiguo y a la esclavitud.

Las medidas sanitarias escritas en la Biblia han sido ignoradas por seguir corazonadas y estadísticas que dejan claro la negación de la historia misma. El hombre moderno piensa que puede negar la historia y escribir la suya propia. Aun así, sin ningún tipo de certeza el hombre prefiere caminar en la incertidumbre porque es, su incertidumbre.

El presidente de México proféticamente o tal vez con cierto cinismo comentó que la “pandemia” había caído como añillo al dedo, y si, era de esperarse que como se veían las cosas, control tras control se iría acumulando, hasta la llegada de la milagrosa vacuna que nos salvaría a todos (léase con sarcasmo por favor). Estos controles y la limitación de la libertad serían, claro en beneficio de la humanidad.

Bueno, la vacuna ya está aquí sin la certeza de que sea efectiva, y si lo es, no se sabe por cuanto tiempo o los efectos adversos que traerá al organismo, pero aún con todo esto muchos están dispuestos a arriesgar sus propias vidas, y como mencioné este es el escenario perfecto para una verdadera sociedad científica, un pueblo que esté dispuesto a entregar sus propias vidas por el bien del progreso y la ciencia.

La llegada de la tan esperada vacuna es el elemento perfecto para que cuaje definitivamente el control del Estado, la vacuna será el pretexto perfecto para ahora si limitar definitivamente la libertad del individuo, ¿quieres educación? Vacúnate, ¿quieres viajar, trabajar? Vacúnate, y espera ver las restricciones más ridículas que vendrán después.

Si es que estamos en esta situación es por nuestra propia negligencia al dejar de lado el consejo de Dios, y por haber entregado a nuestros hijos para ser educados para ser parte de esta sociedad científica. Los dichosos “expertos” debemos entender que no velan por nuestro bienestar, sino que cumplen una agenda al pie de la letra en beneficio del Estado. La meta, más control.

Sin duda son tiempos emocionantes para el cristiano, si, difíciles, pero en tiempos difíciles es donde Dios muestra con mayor fuerza el avance de Su Reino a través de Su remanente que no ha doblado sus rodillas. El camino por recorrer no será nada fácil, pero se necesita desde ya construir los cimientos de la cultura cristiana del futuro, orientada a cumplir con el mandato de sojuzgar la Tierra para Dios, no confiando en supuestos expertos que a tientas o por medio de especulaciones pretenden predecir el futuro, sino haciendo caso a la Palabra-Ley de nuestro Señor.