PARTE IV
ESTUDIOS EN EL LIBRO DE APOCALIPSIS

Se apresuraba con el sonido del torbellino
la carroza de la Deidad Paternal,
destellando flamas gruesas, una rueda dentro de otra rueda sin estirar,
Su mismo instinto con el espíritu, pero escoltado
por la figura de cuatro Querubines, cuatro rostros cada uno
tenía asombro, como con estrellas todos sus cuerpos
y las alas fueron establecidas con ojos, con ojos las ruedas
de berilio y fuegos a toda velocidad en medio;
Sobre sus cabezas un firmamento de cristal,
Sobre el cual un trono de safiro, incrustado con
Ámbar puro y colores de la espectacular arca.
Él en una armadura celestial completa
De Urim radiante, de un trabajo divinamente forjado,
Ascendió, a su diestra Victoria
Se sentó con alas de águila, junto a él colgó su arco
Y se estremece con tres truenos almacenados,
Y a partir de su feroz efusión
de humo y de flamas vacilantes y terribles destellos.

John Milton, El Paraíso Perdido [6.749-66]

 

El Salvador esta operando poderosamente entre los hombres, cada día Él está invisiblemente persuadiendo a mucha gente por todo el mundo, tanto dentro como más allá del mundo de habla griego, para que acepten Su fe y sean obedientes a Su enseñanza. ¿Puede alguien, a la luz de todo esto, todavía dudar que Él ha resucitado y vive o más bien que Él mismo es la Vida?

Atanasio, En la Encarnación [30]

 

17- INTERPRETANDO EL APOCALIPSIS

Desde el principio, nos enfrentamos a dos problemas cuando intentamos estudiar el libro de Apocalipsis. Primero está la pregunta de asegurarnos de que nuestra interpretación esté correcta – estableciendo puntos de control en nuestra imaginación, para que no forcemos la santa Palabra de Dios a meterla en el molde de nuestras propias invenciones. Nosotros debemos permitir que el Libro de Apocalipsis diga lo que Dios quiso que dijera. El segundo problema es el asunto de la ética – qué hacer con lo que hemos aprendido.

El Estándar Bíblico para la Interpretación

En el primer versículo de Apocalipsis, Juan nos da una clave interpretativa importante: “La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (Apocalipsis 1:1). El uso del término declarar nos habla de que la profecía no es simplemente para ser tomada como una “historia escrita por adelantado.” En lugar de eso, es un libro de señales; representaciones simbólicas de eventos por venir. Los símbolos no son comprendidos de una manera literal. Podemos ver esto por el uso de Juan del término σημει̂ον (semaion – señales) en su Evangelio (ver Juan 12:33; 18:32; 21:19). En cada caso, es utilizada por Cristo declarando un evento futuro por medio de una indicación más o menos simbólica, más que por medio de una descripción literal. Y por lo general, esta es la forma de las profecías en Apocalipsis. Esto no significa que los símbolos son ininteligibles; la interpretación no está en juego. Por otra parte, no estoy diciendo que los símbolos son algún tipo de código y que todos necesitamos un diccionario o gramática de simbolismos para “traducir” los símbolos al español. La profecía es poesía, no una alegoría ingenua o estática. La única forma de comprender su simbolismo es familiarizarse con la Biblia. El estándar Bíblico para la interpretación es la Biblia misma.

Ya hemos notado las falacias y las inconsistencias involucradas en la así llamada escuela “literal” de la interpretación Bíblica. Otro problema que es grave, particularmente en ciertos teólogos “aparecidos” repentinamente, es su comprensión arbitraria de los símbolos proféticos. He escuchado a predicadores hablar de las langostas en Apocalipsis 9:3-11 como muestra de una desconcertante variedad de horrores: bombardeos, misiles, helicópteros Cobra y aún de temibles “abejas asesinas” de Sudamérica. ¿Cuál de estas cosas representan las langostas? Sin un estándar de interpretación, no existe una forma objetiva de decirlo y de este modo el Libro de Apocalipsis se convierte en la práctica lo que su título mismo insiste que no es: una mezcolanza ininteligible de fuego “apocalíptico” y de viento, que no significan nada.

En realidad, Juan nos dice cientos de veces a lo largo del Libro de Apocalipsis exactamente cuál es el estándar de interpretación, porque el libro está de manera positiva lleno de citas y alusiones del Antiguo Testamento. El Libro de Apocalipsis depende del Antiguo Testamento mucho más que cualquier otro libro del Nuevo Testamento. Este simple hecho debería advertirnos que no podemos empezar a profundizar en su significado apartados de una sólida comprensión de la Biblia como un todo – lo cual es la razón por la que escribí la Segunda Parte de este libro y por la que estoy insistiendo en el tema una vez más. Las iglesias primitivas tenían tal comprensión. El Evangelio había sido predicado primero a los judíos y a los prosélitos gentiles; muchas veces las iglesias habían sido formadas por adoradores en las sinagogas y esto fue así aún para las iglesias de Asia Menor (Hechos 2:9; 13:14; 14:1; 16:4; 17:1-4, 10-12, 17; 18:4, 8, 19, 24-28; 19:1-10, 17). Es más, queda claro en Gálatas 2:9 que el ministerio del Apóstol Juan era a los judíos en particular. Por lo tanto, los primeros lectores de Apocalipsis estaban empapados en el Antiguo Testamento a tal grado en que la mayoría de nosotros hoy no lo estamos. El simbolismo de Apocalipsis está saturado de alusiones Bíblicas que eran normalmente comprendidas por la Iglesia primitiva. Aún en aquellas congregaciones raras que no tenían algunos miembros hebreos, las Escrituras usadas para la enseñanza y la adoración eran principalmente del Antiguo Testamento. Los primeros Cristianos poseían la llave autoritativa e infalible para el significado de las profecías de Juan. Nuestro fracaso moderno de apreciar este hecho crucial es la principal causa de nuestra inhabilidad para comprender lo que Juan estaba hablando.

Por ejemplo, tomemos un símbolo del que se ha abusado mucho de Apocalipsis y apliquemos este principio. En Apocalipsis 7, 9, 14 y 22, Juan ve al pueblo de Dios sellado en sus frentes con Su nombre y en Apocalipsis 13:16 escribe de los adoradores de la Bestia, quienes están designados con su marca en la mano derecha y en sus frentes. (Por cierto: ¿No se te hace extraño que todos están tan emocionados por la “Marca de la Bestia,” cuando el énfasis claramente en Apocalipsis está en el Sello de Dios en las frentes de los creyentes?) Muchas interpretaciones fantasiosas se han hecho con respecto a estas marcas – oscilando desde los tatuajes y sellos de los parques de diversión hasta las tarjetas de crédito y los números de Seguridad Social – y todos sin fijarse en lo más mínimo en las claras alusiones Bíblicas. Pero, ¿en qué habrían pensado los primeros lectores de estos pasajes? Los símbolos les habrían hecho pensar inmediatamente en varias referencias Bíblicas: la “marca” del sudor de la frente de Adán, indicando la Maldición de Dios de su desobediencia (Génesis 3:19); la frente del Sumo Sacerdote, marcada con las letras de oro proclamando que él era ahora SANTIDAD AL SEÑOR (Éxodo 28:36); Deuteronomio 6:6-8 y Ezequiel 9:4-6, en donde los siervos de Dios son “marcados” en la mano y en la frente con la ley de Dios y de ese modo recibían bendición y protección en Su nombre. Los seguidores de la Bestia, por otra parte, reciben su marca de pertenencia: sumisión a la ley impía, estatista y anticristiana. La marca en Apocalipsis no es para tomarse literalmente. Esta es una alusión al símbolo del Antiguo Testamento que hablaba de la total obediencia del hombre a Dios y es puesta como una advertencia al dios de la sociedad – si es el Dios verdadero o el auto deificado Estado – demandando completa obediencia a su señorío.

Ése será el principio de interpretación seguido en este libro. El Apocalipsis es una revelación: fue destinado para ser comprendido. Sin embargo, no será comprendido por mentes perezosas e indisciplinadas amantes de la adrenalina, quienes están en tal apuro que no tienen tiempo de estudiar la Biblia. Muchos se apresuran en su primera profesión de fe al último libro de la Biblia, tratándolo más como un libro de alucinaciones, menospreciando precipitadamente un intento sobrio de permitir que la Biblia se interprete sola – y finalmente encontrando, sólo un reflejo de sus propios prejuicios. Pero para aquellos que prestan atención a la Palabra de Dios como un todo, el mensaje es claro. Benjamin Warfield escribió: “el Apocalipsis de Juan no necesita ser otra cosa más que algo fácil: todos sus símbolos son obviamente naturales o tienen su raíz plantada en los poetas y profetas del Antiguo Testamento y el lenguaje figurativo de Jesús y sus apóstoles. Nadie que conozca su Biblia siente la desesperación de leer este libro con fines de lucro. Sobre todo, aquellos que puede entender el gran discurso de nuestro Señor acerca de las últimas cosas (Mateo 24), no puede fracasar en entender el Apocalipsis, que esta fundado en ese discurso y en pocos avances más allá de este” (Selected Shorter Writings/Escritos Breves Selectos [Presbyterian and Reformed, 1973], vol. 2, pp.652f.).

Profecía y Ética

El Libro de Apocalipsis muchas veces es tratado como un ejemplo del género literario “apocalíptico” que floreció entre los judíos entre los años 200 AC y 100 DC. No existen bases para este tipo de opinión y es desafortunado que la palabra apocalíptico sea utilizada únicamente para describir esta literatura. (Los escritores de lo “apocalíptico” nunca utilizaron este término en este sentido; más bien, los eruditos han robado el término de Juan, quien llamó su libro “El Apocalipsis [Revelación] de Jesucristo.”) De hecho, existen muchas diferencias grandes entre los escritos “apocalípticos” y el Libro de Apocalipsis.

Los “apocalípticos” se expresaron en símbolos inexplicables e inteligibles y generalmente no tenían intenciones de realmente hacerse entender. Sus escritos abundan en pesimismo: ningún progreso real es posible, ni tampoco hay ninguna victoria para Dios y Su pueblo en la historia. Para ellos no podemos ni siquiera ver a Dios actuando en la historia. Todo lo que sabemos es que el mundo está empeorando y empeorando. Lo mejor que podemos hacer es esperar el Fin – pronto. Pero por ahora, las fuerzas del mal están en control. (¿Le suena familiar?) El resultado práctico fue que los apocalípticos rara vez se preocuparon por un comportamiento ético. Ellos no estaban muy interesados en como vivir en el presente (y realmente tomar dominio sería impensable); ellos sólo querían especular acerca del cataclismo venidero.

El enfoque de Juan en Apocalipsis es completamente diferente. Sus símbolos no son delirios oscuros nacidos de una imaginación febril; estos están arraigados firmemente en el Antiguo Testamento (y la razón por la que parecen obscuros es precisamente ese hecho: hemos tenido problemas comprendiéndolos sólo porque no conocemos nuestras Biblias). En contraste a los apocalípticos, quienes habían renunciado a la historia, Juan presenta la historia como la escena de redención: Dios salva a Su pueblo en su medio ambiente, no fuera de este y Él salva el medio ambiente.

Leon Morris, en su estudio importante de Apocalyptic/Apocalíptico (Eerdmans, 1972), describe la cosmovisión de Juan: “Para él la historia es la esfera en la que Dios opera la redención. La situación realmente crítica en la historia de la humanidad ya ha sucedido y sucedió aquí, en esta tierra, en los asuntos de los hombres. El Cordero “como ya había sido sacrificado” domina el libro completo. Juan ve a Cristo victorioso y habiendo obtenido la victoria a través de Su muerte, un evento en la historia. Su pueblo comparte Su triunfo, ya que ellos han conquistado a satanás “por medio de la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio” (Apocalipsis 12:11). El pesimismo que aplaza la actividad de salvación de Dios hasta el Fin esta ausente. Aunque Juan describe la maldad de una forma realista, su libro es fundamentalmente optimista.”

Los apocalípticos dijeron: El mundo se va a acabar: ¡Ríndete! Los profetas Bíblicos dijeron, El mundo esta comenzando: ¡A trabajar!

Así es que, el Libro de Apocalipsis no es algo apocalíptico; más bien, como Juan mismo nos lo recuerda en repetidas ocasiones, es una profecía (1:3; 10:11; 22:7, 10, 18-19), totalmente en acuerdo con los escritos de otros profetas Bíblicos. Y – una vez más en un fuerte contraste con los apocalípticos – si había una preocupación mayor entre los profetas Bíblicos, esta era la conducta ética.

Ningún escritor Bíblico jamás reveló el futuro tan sólo por satisfacer la curiosidad: la meta siempre fue dirigir al pueblo de Dios hacia acciones correctas en el presente. La mayoría aplastante de las profecías Bíblicas no tenían nada que ver con el concepto erróneo común de la “profecía” como prediciendo el futuro. Los profetas hablaban del futuro para estimular a una vida piadosa. El propósito de la profecía era ético.

El hecho de que muchos de los que estudian las profecías escritas hoy, están más interesados en encontrar posibles referencias a los viajes espaciales y armas nucleares que a descubrir los mandamientos de Dios para vivir, es un tributo enfermizo a la apostasía moderna. “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10): ignorar a Jesús a favor de una explosión atómica es una perversión de la Escritura, un giro absurdo a la Palabra Santa de Dios. Desde el principio hasta el fin, Juan esta intensamente interesado en la conducta ética de aquellos que leen el Libro de Apocalipsis:

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas (Apocalipsis 1:3).

Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas (Apocalipsis 16:15).

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro (Apocalipsis 22:7).

Bienaventurados los que cumplen Sus mandamientos (22:14 KJV)

Debo enfatizar que en la discusión de la escatología de dominio simplemente estoy dando una guía de programación alternativa para el futuro. La escatología Bíblica no es simplemente una lista de eventos especiales. El significado fundamental de la Esperanza es el Señorío de Jesucristo. La meta de la escatología es llevar al hombre a la adoración y el servicio de su Creador. La profecía nunca es un simple ejercicio académico. Todos los profetas señalaron a Jesucristo y todos ellos demandaron una respuesta ética. La Palabra de Dios demanda la transformación total de nuestras vidas, en cada aspecto. Si ese no es el propósito y el resultado de nuestro estudio de la Escritura, no nos beneficiará de nada. 

Aquí puedes leer el libro completo del el Paraíso Restaurado.