¿Quién entonces es este Cristo y cuán grande es Él, quien por Su Nombre y presencia ensombrece y confunde todas las cosas a cada lado, quien por sí sólo es fuerte en contra de todos y ha llenado todo el mundo con Su enseñanza? Permitamos que los griegos nos digan, quien se burla de Él sin escatimar o sin vergüenza. Si Él es un hombre, ¿cómo es que un hombre ha probado ser más fuerte que todos aquellos quienes se consideran a sí mismos como dioses y por Su propio poder les ha demostrado que no son nada? Si ellos lo llaman un mago, ¿cómo es que toda la magia es destruída, en lugar de volverse fuerte? De haber conquistado a ciertos magos o probado ser superior sólo a uno de ellos, ellos podrían pensar de manera razonable que Él sobresalía del resto sólo por Su habilidad mayor. Pero el hecho es que Su cruz ha vencido completamente toda la magia y ha conquistado el mismo nombre de esta.

Atanasio, En la Encarnación [48]

 

15- EL DÍA DEL SEÑOR

  Uno de los errores interpretativos más grandes cometido por estudiantes de la Biblia es la presuposición de que la Biblia no puede usar la misma expresión, como “Viniendo,” en diferentes sentidos. Mucho de este libro ha sido escrito para refutar ese error básico. Como lo hemos visto, Dios “vino en las nubes” en muchas ocasiones en la Escritura y la terminología de un universo colapsando es utilizada para describir diferentes eventos históricos. Sin embargo, una vez que comprendemos esto, parece ser que nos presentamos con un problema diferente: ¿Qué acerca de la Segunda Venida de Cristo? Ya que muchas profecías resultan ser la referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70 DC, ¿cómo podemos estar seguro de que alguna profecía se refiere al futuro, literalmente al regreso de Jesucristo? Existen varias formas de abordar esta pregunta. Un método fructífero es examinar una expresión Bíblica común para el “Día del Juicio”: el Día del Señor. Ahora bien, no me malinterprete, no estoy sugiriendo que el “Día del Señor” sólo se refiere al fin del mundo y al Juicio Final. Lejos esté de eso. No obstante, una base sólida de este concepto Bíblico nos proveerá una clave interpretativa, un método para llegar a una comprensión precisa, basada en la Escritura de la Segunda Venida. El primer uso Bíblico del término del Día del Señor fue del profeta Amós, en una referencia muy extraña. Hablándole a los Israelitas rebeldes, quienes estaban próximos a ser destruidos por los Asirios, Amós dijo: ¿No será el Día del Señor tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor?” (Amós 5:20). Lo que es importante que notemos en el principio es que esta expresión nunca había sido utilizada antes, por lo menos no en la Escritura. Sin embargo, parece haber sido una idea bastante común, familiar en Israel del siglo XVIII a.C. Amós no cuestionó su validez: “el Día del Señor” estaba llegando. Lo que Amós buscaba corregir era la expectativa errónea de Israel del desenlace del Día para ellos. El punto interesante (para comenzar) es éste. Aquí encontramos a Amós simplemente adoptando un concepto teológico maduro ya comprendido y altamente desarrollado. La expresión en sí misma no se originó (aparentemente) de una revelación directa, sin embargo los profetas lo tomaron sin cuestionar como parte de su vocabulario. Esto indica que el término debe estar basado en algún concepto Bíblico que ya era bien conocido en Israel tan así que la expresión indiscutible de el Día del Señor surgió casi espontáneamente para describirlo. ¿Cómo lo podemos explicar? Nuestra respuesta a esta pregunta nos llevará a algunas conclusiones sorprendentes en diversas áreas. Es más, nos proveerá de una información Bíblica firme acerca de la Segunda Venida de Cristo – el Día del Juicio final.  

El Día del Juicio en Edén

La imagen Bíblica para el Día del Señor, el Día del Juicio, empieza (como debemos asumir naturalmente) en Génesis. Justo en el principio del relato de la creación se nos dice que Dios creó la luz y la llamó Día (Génesis 1:2-5). Sólo debemos reconocer lo que sucedió en ese momento. Como lo vimos en el Capítulo 7, Dios se estaba moviendo sobre la creación, vestido en la gloriosa luz de la Nube, brillando como la Luz original (cf. Juan 1:4-5). Esto significa que cuando Él creó la luz, era como la imagen de reflejo de un espejo, un tipo de “clon,” de Sí mismo. Desde el principio, por lo tanto, se nos enseña a asociar el Día y la Luz con Dios. Esta asociación básica es desarrollada y llevada a través del resto de la semana de la creación y como el primero de dos conceptos que son importantes para nuestra comprensión de la idea Bíblica del Día: El Día es a la imagen de Dios. La luz del día es un recordatorio de la Luz brillante e inaccesible de Dios (1 Timoteo 6:16). Por esta razón el sol y el amanecer son utilizados en la Biblia como símbolos de Dios y Su venida (Salmos 84:11; Isaías 30:26; 60.1; Malaquías 4:2; Lucas 1:78-79; Efesios 5:14; 2 Pedro 1:19; Apocalipsis 1:16). El segundo concepto es que el Día es el tiempo de la valoración judicial de Dios a Sus creaturas, cuando todas las cosas son juzgadas por Él. Aquí Moisés registra siete actos de ver (valorar) y de declaración: “Dios vio que era bueno” (Génesis 1:4, 10, 12, 18, 21, 25), culminando con la séptima declaración: “Y Dios vio todo lo que Él había hecho y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Esta declaración nos lleva directo al resumen y a la conclusión:

Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que el Señor hizo la tierra y los cielos (Génesis 2:1-4).

El “descanso” de Dios en el séptimo día es una parte importante del tema del juicio de el Día, porque habla en realidad de Su entronamiento en el cielo, inspeccionando y juzgando Su creación desde Su asiento en la Nube de Gloria. De hecho, Su sentarse en el trono muchas veces es denominado como “descanso” en la Escritura (1 Crónicas 28:2; Salmos 132:7-8, 13-14; Isaías 11:10; 66:1). Así es que, cuando pensamos en el Día, debemos pensar primero en la luz de Dios en el mundo; después debemos pensar en el juicio del mundo de Dios. En otras palabras, el primer “Día del Señor” fue también el primer Día. Es fácil para nosotros ver todo esto cuando leemos Génesis 1 a la luz de otros pasajes de la Escritura, pero también debemos recordar que estaba implícito en el texto desde el principio. Hay otro pasaje al principio en Génesis que informa nuestra comprensión del contenido del “Día del Señor.” Vimos en un capítulo anterior que cuando Adán y Eva pecaron, ellos escucharon el sonido característico de la Nube-Gloria explotando como un tren rápido a través del Jardín: la Voz de trueno del Señor provocada por el aleteo de las alas de los ángeles. La traducción literal de ese versículo dice:

Y oyeron la voz del Señor que se paseaba en el huerto, como el Espíritu del Día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor entre los árboles del huerto (Génesis 3:8).

En otras palabras, Adán y Eva escucharon el sonido que hace la Nube cuando Dios viene como “el Espíritu del Día,” cuando Él viene como lo hizo en el Principio, como Juicio. Cierto es que, su visión del texto significa la perdición de aquel antiguo himno favorito pietista evangélico, “En el Jardín” (ese simple hecho hace esta interpretación especialmente atractiva). Dios no tomo paseos vespertinos por el Jardín, contrario a las reflexiones sentimentales de poetas evangélicos de tercera categoría. Cuando el Juicio vino a Adán y Eva, vino en la forma de la Nube-Gloria: con luz cegadora, calor abrasador y ruido ensordecedor – el Espíritu del Día. Por lo tanto, el Día del Señor está definido por la Escritura en términos de la Nuble-Gloria: “Porque cerca está el día, cerca está el día del Señor; Día de Nubes, día de castigo de las naciones será” (Ezequiel 30:3; cf. Joel 2:1-2; Sofonías 1:14-15). Donde está la Nube, ahí está el Día del Señor, cuando Dios está manifestando Su juicio. Esto hace que nuestro entendimiento del Día del Señor de un paso cuántico hacia delante. Más que simplemente una referencia del fin del mundo, debe ser comprendido en los mismos términos como muchos otros conceptos en la Escritura: como definitivo, progresivo y final. El Día definitivo ocurrió en el principio, en el primer día (sería más preciso decir que toda la semana fue el Día definitivo, en siete etapas). Pero también debemos ver el Día revelado progresivamente, en los juicios históricos de Dios. Como final, el último sentido, se nos dice que el último Día vendrá, cuando Dios otorgará Su juicio final a todas las cosas.

Un Día de Nubes

Tan pronto como vemos la conexión entre la Nube y el Día del Señor – que el Día del Señor es la Nube-Gloria viniendo en juicio y la Nube es el Día del Señor en acción – un gran número de ideas Bíblicas empiezan a caer en su lugar. Por ejemplo, los Israelitas experimentaron el Día del Señor al borde del Mar Rojo, cuando la Nube descendió (Éxodo 13:21-22) y estuvo entre ellos y los egipcios. Para el pueblo de pacto, la Nube era Luz y salvación, pero para los egipcios, era Tinieblas (Éxodo 14:19-20), trayendo destrucción completa (Éxodo 14:24-25). La venida de la Nube era la venida del Señor como “el Espíritu del Día” en juicio. Y el juicio, como la Nube, tiene dos aspectos: vindicación y protección de los fieles por un lado y la destrucción de los enemigos de Dios por el otro. En el juicio Dios trae tanto salvación como ira, tinieblas como luz. Esto es lo que Amós quería decir cuando se dirigió al pueblo de pacto apóstata de su tiempo, quienes estaban esperando que la venida del Día del Señor les protegiera de sus enemigos. El problema era, como lo señaló Amós, que el pueblo de Dios se había convertido en los enemigos de Dios:

¡Ay de los que desean el Día del Señor! ¿Para qué quieren este Día del Señor? Será de tinieblas, y no de luz; como el que huye de delante del león, y se encuentra con el oso; o como si entrare en casa y apoyare su mano en la pared, y le muerde una culebra. ¿No será el Día del Señor tinieblas, y no luz; oscuridad, que no tiene resplandor? (Amós 5:18-20).

Los profetas Bíblicos vieron el Día del Señor cumplido en todos los juicios redentores de Dios en la historia en contra de las naciones desobedientes: era el día divino de “retribución” contra Judá, cuando los malvados serían aniquilados y los justos salvados y bendecidos (Isaías 2-5; Joel 1-3); para Babilonia era el día de destrucción, fuego y el colapso del universo (Isaías 13:6-13); también era el día cuando Edom sufriría la venganza de Dios en matanza sangrienta, en fuego y azufre, y en desolación mientras que el pueblo de Dios es “reunido” a salvo con Él (Isaías 34); el día cuando la gran espada de Dios se embriagará de la sangre de los egipcios (Jeremías 46); en realidad cercano está “el Día del Señor” sobre todas las naciones (Abdías 15). Cuando juntamos los pasajes con los textos como de Sofonías 1 y Salmos 18, se vuelve sorprendentemente claro que el término profético del Día del Señor significa Juicio – un juicio emitido tanto para la destrucción de los malvados como salvación de los justos. Esta es la razón por la que también es utilizado para describir la Primera Venida del Salvador. En Su última revelación del Antiguo Testamento, Dios dijo: “He aquí, yo les envío el profeta Elías, antes que venga el día del Señor, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:5-6). Tanto el ángel Gabriel (Lucas 1:17) como el Señor Jesús (Mateo 11:14) citan este versículo como siendo cumplido en el ministerio de Juan el Bautista. “En el Espíritu y poder de Elías,” Juan habría de ocuparse en el ministerio de restauración de traer a los hijos rebeldes de Israel de regreso a la piedad de sus padres, convirtiendo “a los rebeldes a la prudencia de los justos, para poder preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17). Pero si el pueblo no se convertía de su apostasía para el tiempo de “el gran y terrible Día del Señor,” Dios les advirtió que Él “vendría y heriría la tierra con una maldición.” Esta palabra maldición (o interdicto) era un término técnico en la Escritura utilizado para denotar ciertos objetos y aún ciudades completas que eran tan abominables para Dios que debían ser puestas “bajo el interdicto,” para ser destruidas completamente por el fuego del altar de Dios – ofrecido como un “holocausto” (cf. Deuteronomio 13:16). Esto es exactamente lo que sucedió en el primer siglo: “Elías” vino, pero el pueblo no se arrepintió; así que cuando el gran Día del Señor llegó, toda la tierra fue puesta bajo el interdicto, dedicada completamente a la destrucción.

El Día Final del Señor

Debido a que las referencias del “Día del Señor” no pueden ser tomadas todas para significar el mismo evento, los Cristianos pueden fácilmente quedar perplejos. ¿Cómo podemos decir a cuál Día se refiere en particular cada pasaje de la Escritura? ¿Hace esto nuestra interpretación completamente arbitraria? De ninguna manera. Como con todo lo demás en la Escritura, su significado preciso depende del contexto. Este siempre conlleva la idea general de Dios viniendo en juicio y salvación, pero su significado en cada versículo en particular debe ser discernido examinando el escenario completo. Así es que, regresamos a la pregunta con la que empezamos este capítulo: ¿cómo podemos estar seguro de que alguna profecía del “Día del Señor,” del “juicio” o de la “venida” de Cristo está hablando acerca del fin del mundo y de la Segunda Venida de Cristo? Debido a que la terminología del colapso del universo es utilizada para el juicio del año 70 DC y debido a la importancia teológica tremenda de ese juicio, algunos han supuesto que todos los eventos escatológicos deben ser cumplidos en la destrucción de Jerusalén y que la Segunda Venida sucedió en ese entonces. De acuerdo a esta interpretación (que puede ser llamada Post-todismo), nosotros ahora estamos viviendo en una era de un limbo interminable, sin más profecías que cumplirse. El mundo simplemente continuará y continuará, hasta …? ¿Es válido ese tipo de interpretación? Debemos notar, por lo menos en este pasaje, que la Iglesia a lo largo de todas las épocas nunca ha permitido ese punto de vista. Todos los credos han declarado que una venida futura de Cristo, la resurrección de todos los hombres y el juicio general son artículos fundamentales y no negociables de la fe Cristiana. Las palabras de cierre del Credo de Atanasio (uno de los tres credos universales de la fe) enfatiza la importancia de estas verdades:

Él ascendió al cielo, Él se sentó a la diestra del Padre, Dios Todopoderoso, desde donde Él vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

En su venida todos los hombres se volverán a levantar con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras.

Y aquellos quienes hayan hecho el bien entrarán en una vida eterna y aquellos que hayan hecho mal, en un fuego eterno. Esta es la fe, que a menos que un hombre la crea fielmente, no podrá ser salvo.

El dogma básico de la Iglesia Universal está basado sólidamente en la Escritura. Mientras que ha habido muchos “Días del Señor” en la historia, la Biblia nos afirma que hay un “Día Postrero” que vendrá, el Juicio Final, cuando todas las cuentas serán liquidadas y tanto los justos como los injustos recibirán recompensas eternas. Cada vez que Él utilizó el término, Jesús relacionó de manera inseparable el “Día Postrero” con otro evento:

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:38-40).

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:44).

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:54).

Por lo tanto, la Resurrección es un evento inextricablemente unido a los eventos del Día Postrero, el Día final cuando el juicio del Espíritu en la Nube será absolutamente comprensible y completo, cuando el último veredicto definitivo es pronunciado sobre toda la creación. Ese es el día cuando los muertos resucitarán: “y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Juan 5:29). La Resurrección es la clave para la interpretación. Debido a que Jesús relacionó la Resurrección con el Día Postrero, podemos usar esto como un “control” al examinar los pasajes escatológicos. Mientras que el Día del Señor/el tema del colapso del universo corre a través de los textos Bíblicos sobre el juicio, la marca distintiva del Día Postrero es que los muertos resucitarán. La resurrección de todos los hombres, en la naturaleza del caso, es irrepetible. No es un tema recurrente, sino una parte del evento escatológico final. Por lo tanto, en donde quiera que la Biblia menciona la Resurrección, está hablando del Día Postrero – el Juicio final, el Día final del Señor.

Aquí puedes leer el libro completo del el Paraíso Restaurado.