¿Qué – o más bien Quién fue quien necesitaba
tal gracia y tal llamado como el que nosotros requeríamos? ¿Quién, salvo
la Palabra de Dios misma, quién también en el principio
había hecho todas las cosas de la nada? Fue Su parte,
y sólo Suya, tanto para traer otra vez lo corruptible a
la incorrupción y para mantener para el Padre Su consistencia
de carácter con todos. Porque sólo Él, siendo
la Palabra del Padre y sobre todos, fue como consecuencia
tanto capaz de recrear todo como digno de sufrir en
nombre de todos y de ser el embajador para todos con
delante del Padre.

Atanasio, En la Encarnación [7]

 

5  EL JARDÍN DEL SEÑOR
Animales en el Jardín

En el Edén, antes de la Caída, no había muerte (Romanos 5:12). Los animales no eran “salvajes” y Adán fue capaz de ponerle nombre (es decir, clasificar) a los animales sin miedo (Génesis 2:19-20) Pero la rebelión del hombre dio como resultado cambios terribles en todo el mundo. La naturaleza de los animales fue alterada, de manera que se volvieron una amenaza a la paz y la seguridad del hombre. El dominio sobre ellos que Adán había ejercido se perdió.

En Cristo, sin embargo, el dominio del hombre ha sido restaurado (Salmos 8:5-8 con Hebreos 2:6-9). De este modo, cuando Dios salvó a Su pueblo, este efecto de la Maldición empezó a ser revertido. Él les guió a través de un desierto peligroso, protegiéndolos de las serpientes y de los escorpiones (Deuteronomio 8:15) y Él les prometió que su vida en la Tierra Prometida sería como en el Edén en su libertad de los estragos de los animales salvajes: “Y yo daré paz en la tierra, y dormirán, y no habrá quien les espante; y haré quitar de su tierra las malas bestias, y la espada no pasará por su país” (Levítico 26:6). De hecho, esta es la razón por la cual Dios no le permitió a Israel exterminar a todos los cananitas al mismo tiempo: los paganos sirvieron como una protección entre el pueblo de pacto y los animales salvajes (Éxodo 23:29-30; Deuteronomio 7:22).

De la misma manera, cuando los profetas predijeron la salvación venidera en Cristo, ellos la describieron en los mismos términos de la bendición Edénica: “Estableceré con ellos un pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; habitarán en el desierto con seguridad y dormirán en los bosques” (Ezequiel 34:25). “No habrá allí león, ni fieras subirán por él ni allí se encontrarán,
para que caminen los redimidos” (Isaías 35:9). De hecho, la Biblia va más allá y dice que a través de que el Evangelio se ha permeado en el mundo, la naturaleza salvaje de los animales será transformada a su condición Edénica original:

Morará el lobo con el cordero,
y el leopardo con el cabrito se acostará;
el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos,
y un niño los pastoreará.
La vaca pacerá junto a la osa,
sus crías se recostarán juntas;
y el león, como el buey, comerá paja.
El niño de pecho jugará
sobre la cueva de la cobra;
el recién destetado extenderá su mano
sobre la caverna de la víbora.
No harán mal ni dañarán
en todo mi santo monte,
porque la tierra será llena del conocimiento del Señor,
como las aguas cubren el mar (Isaías 11:6-9; Isaías 65:25).

Por otra parte, Dios advirtió que la Maldición volvería a aparecer si la gente se alejaba de la ley de Dios: “Enviaré también contra ustedes fieras salvajes que les arrebaten sus hijos, destruyan su ganado y los reduzcan en número, de modo que sus caminos queden desiertos” (Levítico 26:22; Números 21:6; Deuteronomio 28:26; 2 Reyes 2:24; 17:25; Ezequiel 5:17; 14:15; 32:4; Apocalipsis 6:8). Cuando una cultura se aleja de Dios, Él rinde a su pueblo al dominio de los animales salvajes para prevenir que tengan un dominio no piadoso sobre la tierra. Pero en una cultura piadosa esta amenaza en contra de la vida y la propiedad desaparecerá progresivamente y finalmente, cuando el conocimiento de Dios cubra la tierra, los animales serán domados y aprovechados otra vez para el servicio del Reino de Dios.

Finalmente, en esta conexión debemos considerar a los dinosaurios, porque existe toda una teología construida alrededor de ellos en la Biblia. Mientras que la Biblia si habla de la tierra de los dinosaurios (cf. behemot en Job 40:15-24, al cual muchos confunden con un hipopótamo, pero que en realidad es más parecido a un brontosaurio), nuestro enfoque aquí será en los dragones y las serpientes del mar (Job 7:12; 41:1-34 – la creatura mencionada en la última referencia, un dragón enorme que respira fuego llamado Leviatán, algunos suponen que es ¡un cocodrilo!) En esencia, como parte de la creación buena de Dios (Génesis 1:21: los monstruos marinos), no hay nada “malo” acerca de estas creaturas (Génesis 1:31; Salmos 148:7) pero, debido a la rebelión del hombre, estos fueron usados en la Escritura para simbolizar al hombre rebelde en la cumbre de su poder y gloria.

Tres tipos de dragones se mencionan en la Escritura: Tannin (Dragón, Salmos 91:13), Leviatán (Salmos 104:26) y Rahab (Job 26:12-13; en Hebreo esta es una palabra completamente diferente al nombre de la ramera cananita que salvó a los espías Hebreos en Josué 2). La Biblia relaciona cada uno de estos monstruos a la Serpiente, que significa el enemigo sutil y engañador del pueblo de Dios (Génesis 3:1-5, 13-15). Así es que, para demostrar la victoria divina y el dominio sobre la rebelión del hombre, Dios convirtió la vara de Moisés en una “serpiente” (Éxodo 4:1-4) y la vara de Aarón en un “dragón” (tannin, Éxodo 7:8-12). El Dragón/Serpiente, por lo tanto, se vuelve en la Escritura un símbolo de una cultura satánicamente inspirada y rebelde (Jeremías 51:34), especialmente ejemplificada por Egipto en su guerra en contra del pueblo de pacto. Esta verdad en particular con respecto al monstruo Rahab (que significa el orgulloso), que muchas veces es sinónimo para Egipto (Salmos 87:4; 89:10; Isaías 30:7). La liberación de pacto de Dios para Su pueblo en Éxodo es descrita en términos de la creación original y del triunfo sobre el Dragón:

¡Despiértate, despiértate, vístete de poder, brazo del Señor!
¡Despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados!
¿No eres tú el que despedazó a Rahab,
el que hirió al dragón?
¿No eres tú el que secó el mar,
las aguas del gran abismo,
el que transformó en camino las profundidades del mar
para que pasaran los redimidos? (Isaías 51:9-10)

La Biblia también habla del Éxodo como una salvación de Leviatán:

Dividiste el mar con tu poder;
quebraste en las aguas cabezas de monstruos.
Aplastaste las cabezas del Leviatán
y lo diste por comida a los habitantes del desierto. (Salmos 74:13-14)

Así es que, en el cumplimiento provisional de la promesa del Edén, la cabeza del Dragón fue aplastada cuando Dios salvó a Su pueblo de Egipto. Claro está, que la herida de la cabeza fue sanada y el Dragón (acompañado del Dragón-Estado en su imagen) continuó regresando a atormentar y perseguir la simiente de la mujer (Apocalipsis 12-13). Esto sucede una y otra vez a través del Antiguo Testamento, el cual registra numerosos aplastamientos de cabeza del Dragón temporales (Jueces 4:21; 5:26-27; 9:50-57; 1 Samuel 5:1-5; 17:49-51; 2 Samuel 18:9; 20:21-22; Salmos 68:21; Habacuc 3:13). En términos de la estructura triple de la salvación que vimos en un capítulo anterior, la conquista definitiva del Dragón se llevó a cabo en la muerte y resurrección de Cristo, cuando Él venció los poderes de las tinieblas, desarmó a las fuerzas demoniacas, echó fuera al diablo y lo dejó sin poder (Salmos 110:6; Juan 12:31-32; Colosenses 2:15; Hebreos 2:14; Apocalipsis 12:5-10; 20:1-3). Los profetas esperaban esto:

En aquel día el Señor castigará
con su espada dura, grande y fuerte
a Leviatán, la serpiente veloz,
a Leviatán, la serpiente tortuosa;
y matará al dragón que está en el mar (Isaías 27:1).

Progresivamente, las implicaciones de la victoria de Cristo son llevadas a cabo por Su pueblo a tiempo y en la tierra (Juan 16:33; 1 Juan 2:13-14; 4:4; 5:4-5; Apocalipsis 12:11), hasta el triunfo final en la consumación de la historia, cuando el Dragón será al fin destruido (Apocalipsis 20:7-10). Sin embargo, el punto especial a ser comprendido por la era presente, es que debemos esperar el aumento de victorias sobre la Serpiente, quien ha sido puesta por debajo de nuestros pies (Romanos 16:20). Mientras que los justos cosechan constantemente las bendiciones del Edén restaurado, el dominio de satanás se reducirá y se marchitará. Esto está simbolizado por el hecho de que cuando todas las otras creaturas sean restauradas a su naturaleza Edénica, la condición de la serpiente no será modificada. Dios le advirtió al Dragón que iba a morder el polvo debajo de los talones de los justos y este aspecto de la Maldición alcanzará su efecto completo:

“El lobo y el cordero serán apacentados juntos;
el león comerá paja como el buey
y el polvo será el alimento de la serpiente.
No afligirán ni harán mal en todo mi santo monte.
Dice el Señor” (Isaías 65:25; Génesis 3:14).

Árboles en el Jardín

No hace falta decir, claro está, que un aspecto fundamental del Jardín del Edén es que era un Jardín: todo tipo de árboles hermosos y que daban fruto habían sido plantados ahí por Dios (Génesis 2:9). Antes de la Caída, la comida era abundante y barata, y el hombre no tenía que pasar mucho tiempo buscando sustento y refrigerio. En lugar de eso, su tiempo lo pasaba en actividades científicas, productivas y estéticas (Génesis 2:15, 19-20). Mucho de su trabajo involucraba el investigar y embellecer su medio ambiente. Pero cuando se rebeló, esto cambió y la Maldición fue infligida sobre su trabajo y sus alrededores naturales: “Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida,  espinos y cardos te producirá y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19). Dios impuso la maldición de la escasez y la mayor parte del trabajo humano se volvió en buscar comida.

Pero en la salvación Dios restaura a Su pueblo al Edén y la comida se vuelve más barata y más fácil de obtener. A cambio de eso, más tiempo puede ser dedicado a otras actividades: el crecimiento de la cultura es posible sólo cuando la comida es relativamente abundante. Dios le da a Su pueblo la comida para darles dominio. La historia Bíblica de la salvación demuestra esto una y otra vez. En lugares muy numerosos como para enlistarlos aquí completamente, los hombres piadosos son mencionados como vivir cerca de los árboles (ver Génesis 18:4, 8; 30:37; Jueces 3:13; 4:5; 1 Reyes 19:5; Juan1:48; y en una traducción más moderna, ver Génesis 12:6; 13:18; 14:13; Jueces 4:11). En ninguna de estas referencias es absolutamente esencial la mención de los árboles para la historia en sí, en un sentido podríamos pensar que un detalle así podría haber sido dejado fuera. Pero Dios quiere que tengamos una imagen en nuestras mentes de Su pueblo viviendo en medio de la abundancia, rodeados por las bendiciones del Jardín como están restauradas en la salvación. Cuando Israel es bendecido, encontramos a todos los hombres sentados debajo de su propio viñedo y su árbol de higo (1 Reyes 4:25) y lo mismo es profetizado de todos los hombres que viven bajo las bendiciones de Cristo, cuando todas las naciones fluyan de la Montaña del Señor (Miqueas 4:1-4; Zacarías 3:10).

Por esta razón todas las imágenes Edénicas de los árboles, del plantar y del fruto son usadas a lo largo de la Escritura para describir la obra de salvación de Dios. Al cantar acerca de la liberación de Dios de Su pueblo dentro del nuevo Edén, Moisés dijo: “Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad” (Éxodo 15:17). El hombre piadoso es “como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará” (Salmos 1:3; Jeremías 17:7-8). El pueblo de pacto es “como huertos junto al río, como áloes plantados por el Señor, como cedros junto a las aguas” (Números 24:6). “florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto” (Isaías 27:6).

El candelero en el Tabernáculo era un recordatorio del Edén: de hecho era un árbol estilizado, cubierto con copas artificiales y flores, todo hecho de oro puro (Éxodo 37:17-24). El Templo también estaba adornado suntuosamente con símbolos de la restauración Edénica: los muros de cedro mostraban tallados de calabazas silvestres, flores, palmeras y querubines, cubiertos con oro (1 Reyes 6:15-36; la visión del Templo restaurado en Ezequiel 41:18-20). El Arca del Pacto contenía no sólo la Ley sino también una urna de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que milagrosamente fue cubierta con brotes, botones y almendras (Hebreos 9:4).

El Sumo Sacerdote era un símbolo viviente del hombre completamente restaurado en la comunión con Dios en el Jardín. Su frente estaba cubierta con una lámina de oro, en la cual estaba grabada la frase, SANTIDAD AL SEÑOR (Éxodo 28:36), como un símbolo de la remoción de la Maldición en la frente de Adán. El pectoral estaba cubierto con oro y piedras preciosas (Éxodo 28:15-30) y el borde de su túnica tenía granadas y campanillas de oro (Éxodo 28:33-35). Como otro símbolo de la libertad de la Maldición, la túnica en sí era hecha de lino (Éxodo 28:6), porque para cuando estaban ministrando, los sacerdotes tenían prohibido usar rotundamente cualquier lana: “Se vestirán con vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana cuando ministren… No se ceñirán nada que los haga sudar (Ezequiel 44:17-18). En Génesis 3:18-19, sudar era un aspecto del trabajo del hombre caído bajo la muerte y la Maldición; el sacerdote, como Hombre Restaurado, se le requería vestir con material ligero de lino para mostrar la remoción de la Maldición en la salvación.

El simbolismo Edénico también estaba en las fiestas de Israel, cuando celebraban la abundancia de la provisión de Dios y disfrutaban de la plenitud de vida y la prosperidad bajo las bendiciones del pacto. Este es particularmente cierto en la Fiesta de los Tabernáculos o Cabinas (también llamada de la “Cosecha” en Éxodo 23:16). En esta fiesta se les requería dejar sus casas y vivir por siete días en pequeños “tabernáculos” o cabinas, hechas completamente del follaje de hermosos árboles, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces de los arroyos (Levítico 23:40). Israel normalmente habitaba en ciudades amuralladas, como protección en contra de sus enemigos, no obstante, en el tiempo de la prosperidad (al final de la cosecha) – cuando un ataque era más probable – Dios les ordenó que dejaran la seguridad de sus hogares y viajaran a Jerusalén, para vivir en cabinas desprotegidas ¡hechas de ramas, hojas de palma y frutos! Sin embargo, Dios les prometió que Él cuidaría de que el pagano no les atacara durante las fiestas (Éxodo 34:23-24) así Israel tenía que confiar en Su fuerza.

La fiesta era, obviamente, un recordatorio de la vida en Edén, cuando las ciudades amuralladas no eran necesarias y esperaban el día cuando el mundo fuera convertido en el Edén y las naciones convirtieran sus espadas en azadones (miqueas 4:3). Por esta razón, se les ordenaba sacrificar 70 bueyes durante la fiesta (Números 29:12-38). ¿Por qué? porque el número original de las naciones de la tierra era 70 (están enlistadas en Génesis 10) y la fiesta celebraba la cosecha de todas las naciones para el Reino de Dios, así la expiación era hecha por todos.

Es importante recordar que los judíos no mantuvieron esta fiesta – de hecho, se olvidaron aun que estaba en la Biblia – hasta su regreso de la cautividad de Esdras y Nehemías (Nehemías 8:13-18). Durante el periodo de renovación y restauración, Dios iluminó las mentes de los profetas para comprender el significado de esta fiesta como una profecía representada de la conversión de todas las naciones a la fe verdadera. En el último día de la fiesta (Hageo 2:1) Dios habló a través de Hageo: “Haré temblar a todas las naciones; vendrá el Deseado de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa [el Templo]… Mía es la plata y mío es el oro, dice el Señor de los ejércitos” (Hageo 2:7-8). Más o menos por este tiempo, Zacarías profetizó acerca del significado de la fiesta en términos de la conversión de todas las naciones y la santificación de cada área de la vida (Zacarías 14:16-20). Y cientos de años más tarde, durante la celebración de la misma fiesta, Cristo mismo declaró su significado: el derramamiento del Espíritu sobre el creyente restaurado, para que la Iglesia se vuelva un medio de restauración al mundo entero (Juan 7:37-39; Ezequiel 47:1-12).

Israel iba a ser el medio para traer las bendiciones del Jardín del Edén al mundo: la Escritura se sale de su camino para retratar esto simbólicamente cuando nos dice (dos veces: Éxodo 15:27; Números 33:9) de Israel acampando en Elim, donde había 12 fuentes de agua (las 12 tribus de Israel) y 70 palmeras (las 70 naciones del mundo). De este modo, Dios organizó a Israel como un modelo a menor escala del mundo, dándole 70 ancianos (Éxodo 24:1) y Jesús siguió este patrón al enviar a 70 discípulos (Lucas 10:1). El pueblo de Dios era una nación de sacerdotes escogidos (Éxodo 19:6; 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6), para llevar la luz del Evangelio a un mundo en tinieblas por causa del pecado y la Maldición. Cada vez más, la Esperanza expresada en la Fiesta de los Tabernáculos se realizará mientras que toda la Tierra se vuelva un Jardín (Isaías 11:9; Daniel 2:35); mientras que el mundo es llenado con la bendición y la seguridad, y ya no haya ninguna necesidad para ciudades amuralladas (Levítico 23:3-6; Isaías 65:17-25; Ezequiel. 34:25-29). El Jardín del Edén, la Montaña del Señor, será restaurado en la historia, antes de la Segunda Venida, por el poder del Evangelio y el desierto se regocijará y florecerá como la rosa (Isaías 35.1).

Encontraste con esto, la Biblia dice que Dios controla a los paganos por medio de retener la comida y el agua. Para poder entender la miseria de mucho de lo llamado “Tercer Mundo,” necesitamos ver primero su religión y cultura no piadosa. La bendición Edénica de la abundancia no será suya hasta que se arrepientan y crean el Evangelio. Las culturas Cristianas, por otra parte (especialmente los países de la Reforma), son bendecidos con comida que es relativamente barata y abundante. Pero la advertencia Bíblica es clara: si nuestra nación continúa en su apostasía, la hambruna vendrá, tan cierto como nuestros primeros padres rebeldes fueron echados fuera del Edén. No podemos poseer las bendiciones del Jardín si vivimos en rebelión contra Dios. El campo fructífero se empezará a convertir en desierto:

Pero acontecerá, si no oyes la voz del Señor, tu Dios, y no procuras cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones.

Maldito serás tú en la ciudad y maldito en el campo.
Maldita serán tu canasta y tu artesa de amasar.
Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.
Maldito serás en tu entrar y maldito en tu salir (Deuteronomio 28:15-19).

Sobre la tierra de mi pueblo subirán espinos y cardos,…
hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto.
Entonces el desierto se convertirá en campo fértil
y el campo fértil será como un bosque (Isaías 32:13-15).

Aquí puedes leer el libro completo del el Paraíso Restaurado.