La nueva tiranía de las escuelas públicas.
Ricardo García

Por Ricardo García.

Es común pensar de una manera reduccionista respecto a la educación, ¿a que me refiero cuando digo “reduccionista”? A que pensamos que la educación solo abarca los aspectos “académicos,” matemáticas, ciencias, gramática, literatura, etcétera. Desgraciadamente esta perspectiva reduccionista ha dejado al cristianismo fuera de la batalla cultural; es preciso que reconozcamos que el campo de batalla mas importante es la educación, si nuestra perspectiva acerca de la educación no abarca la totalidad de la vida poco podremos ofrecer culturalmente. El cristianismo en las últimas décadas se ha retirado de la “arena” cultural y ha dejado que los ateos sean quienes definan términos, métodos y metas con relación a los aspectos importantes de la vida, los incrédulos son aquellos que han marcado la pauta de la vida moderna, y la Iglesia no le ha quedado de otra que adaptar o “bautizar” las practicas humanistas. Estadísticamente los ateos son minoría y aun así han dominado las áreas determinantes de la vida, han puesto las reglas del juego por así decirlo. Así de radical ha sido la ausencia de la Iglesia en estas áreas determinantes.

La educación no abarca solamente el aspecto académico, sino que la totalidad de la vida, la educación es “cosmovisional” esto quiere decir que quien imparta la educación esta impartiendo las herramientas para la interpretación de la realidad.

El pasaje de Deuteronomio 6:4-9 es clave para entender tres aspectos importantes.

  1. La educación es una actividad delegada directamente a los padres.
  2. La educación debe tener la Ley de Dios como base y fundamento.
  3. La educación es cosmovisional (abarca toda la vida y no está limitada a un aula)

La educación al tener como cimiento la Palabra de Dios, el entendimiento del hombre y la creación es clave, ya que de aquí parte la manera, los métodos y las metas que se establecerán por el educador. Estos cimientos son los que hacen que la educación humanista sea opuesta a la educación cristiana ya que, al tener cimientos diferentes, sus métodos y metas serán distintos. Por poner un ejemplo, si el humanismo establece que el hombre y la creación provienen de un evento azaroso en el pasado, por consecuencia el hombre carece de cualquier tipo de virtud y no es mas ni menos que un animal o planta, así que los métodos y las metas se establecerán de acuerdo con este criterio.

Esta mañana leí un artículo de la página “BreakPoint” donde sin querer señalan las conclusiones lógicas del pensamiento humanista en la educación:

“La semana pasada, el LA Times informó que, al enfrentar tasas crecientes de D y F, más escuelas simplemente están eliminando las calificaciones por completo. En cambio, se alienta a los maestros a que den a los estudiantes poca o ninguna tarea, cambien los plazos y tengan menos mediciones de rendimiento impulsadas por los resultados… «Al continuar usando prácticas de calificación centenarias», escribió el administrador académico principal del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, «inadvertidamente perpetuamos las brechas de logros y oportunidades, recompensando a nuestros estudiantes más privilegiados y castigando a los que no lo son». En otras palabras, las calificaciones estandarizadas son racistas.”

Interesante que el artículo incluya la frase “…la tiranía de las bajas expectativas,” esta frase es definitivamente muy acertada independientemente del hecho de que “las bajas expectativas” es la conclusión lógica de los fundamentos humanistas, de como ellos ven al hombre y la creación, sino también acertada porque al alejarse de la Ley de Dios como fundamento de la educación, se cae en la tiranía no solamente causada por los educadores del Estado, sino principalmente por los padres quienes abandonaron su tarea de educar a sus hijos entregándolos a una religión que no les considera ni con menor ni mayor virtud y propósito que cualquier elemento de la naturaleza.

Aunque normalmente Latinoamérica está pasos atrás de los países “desarrollados,” este tema no es ajeno al plan o currículo mexicano, o de la SEP para ser precisos. La SEP filosóficamente esta a la altura de estos países, ya que a raíz de la pandemia decidieron que sería el mejor momento para adecuar su plan a los estándares de la filosofía humanista.

En un documento dado a conocer por la SEP se anima a los docentes a dejar de priorizar la asignación de calificaciones numéricas, o sea en términos simples a dejar de medir el aprovechamiento de los estudiantes por medio de calificaciones, así como evaluar a los estudiantes valorando el contexto particular del estudiante. Todo esto independientemente de el hecho de que ya lleva tiempo el que no se puede reprobar a los estudiantes, sino que independientemente del aprovechamiento del alumno, este sin lugar a dudas “pasará de año.” Por experiencia personal he evaluado jóvenes de nivel secundaria donde su conocimiento real esta ubicado en nivel primaria, esto precisamente por estas reglas de evaluación; la justificación es porque sería “injusto” estandarizar los criterios de evaluación.

Si la batalla cultural se lleva a cabo en el área de la educación, no debemos fallar en reconocer que este tipo de medidas atentan en contra del orden social, llevan a la sociedad al suicidio, ¿cuáles serían las implicaciones de dichas medidas? ¿cuál será el resultado de aquí a 10 o 20 años? Sin duda estas medidas no se contraponen al plan humanista, el cual tiene como fin sacar a Dios de la vida del hombre, y la estrategia para lograr esto es llevar al hombre a la irrelevancia cultural, si quitamos del hombre su propósito y las herramientas para descubrir ese propósito se estará creando a un ser sin sentido. Sin temor a equivocarme este es el inicio del colapso educativo humanista; en este punto el cristiano debe tomar las riendas de toda área de la vida y empezar a financiar la educación cristiana, y me refiero no a una educación humanista con tintes cristianos sino a una educación cosmovisional que capacite al hombre con las herramientas necesarias para evaluar su entorno y poder claramente aplicar su fe a toda la vida, la cual es el medio para cumplir el mandato cultural dado al hombre.

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