Por: Stephen Perks

A lo largo del siglo pasado el cristianismo ha dejado de funcionar como la verdad pública en las naciones occidentales. Lo que sea que una sociedad considera ser la verdad pública inevitablemente operará como la religión de esa sociedad. En las naciones occidentales modernas lo que opera como la verdad pública es el humanismo secular. El cristianismo ha sido reducido al status de un mero culto misterio, o sea un culto de la salvación personal.

Pero el humanismo secular es demasiado relativista para funcionar como una fundación estable para la civilización y debe dar paso eventualmente a algún otro cimiento religioso. Solamente el cristianismo puede proveer una fundación verdadera, estable y duradera para la civilización, y que el abandono del cristianismo como verdad pública en el siglo XX ha dirigido el mundo al caos. El reavivamiento del cristianismo como verdad pública, o sea como cimiento religioso de nuestra civilización, en términos del cual tanto los individuos como las naciones con sus gobiernos civiles deben organizar todas sus vidas, conformándose a los preceptos y enseñanzas de la Biblia, es la repuesta pues al caos que el mundo moderno encara. En otras palabras, el cristianismo debe de ser la religión establecida en todas las naciones. La Gran Comisión precisamente llama a esto.

Pero sin la manifestación del Reino de Dios en las vidas de tanto los individuos como las comunidades cristianas de todas las naciones, como orden social concreto que modele al mundo lo que la verdadera sociedad debería ser y que haciendo esto llame al mundo al arrepentimiento y a la fe en el Señor Jesucristo, esto no será posible. Sin la manifestación en la tierra en forma tangible de este orden social profético, el mundo no será ganado para Cristo. La comunidad cristiana ha de ser luz del mundo. Sólo conforme se vea esa luz, o sea sólo conforme los cristianos sean vistos viviendo como un orden social real que transforma la vida entera del hombre, será el mundo atraído a ella:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isa. 2:2-4)