Por Roger Oliver

Hay un debate de moda en estos días en la comunidad cristiana acerca de la navidad, si es válida celebrarla o es una fiesta pagana romana. Encontré artículos relacionados con este debate acerca de Janucá diciendo que Jesús celebró esta fiesta y así nosotros también debemos celebrarla. Citan Juan 10:22 y 23 como prueba.

“Celebrase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.”

La fiesta de la dedicación era, de hecho, la fiesta de Janucá. La pregunta exegética es, ¿qué función literaria tiene la mención de esta fiesta en el contexto de Juan 10? ¿Es el punto del pasaje la celebración de Janucá o es meramente información para ubicar el incidente en un tiempo y lugar? El punto del pasaje es su encuentro hostil con los líderes judíos. Vs. 24

“Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.”

Los líderes judíos ya habían condenado a Jesús. Buscaban cómo eliminarlo. En este encuentro estaban buscando testimonio directo de la boca de Jesús para usar contra él en el tribunal. Jesús rehusó cooperar diciendo que ya les había dicho y mostrado por sus obras. Les dijo que no creían su testimonio porque no eran de sus ovejas.

Entonces, el punto del pasaje no es de animarnos a participar en la fiesta de dedicación renovando las tradiciones de los judíos. La mención de esta fiesta y el pórtico de Salomón en el templo es para ubicar el incidente en un tiempo y lugar. Es una manera de confirmar que este encuentro sucedió, es un hecho histórico y confiable. Esto es el sentido más claro del pasaje pero hay una ironía muy interesante en la mención de la fiesta de dedicación. No sé si es uno de los propósitos del autor, pero es interesante e irónico. Las observaciones de R.J. Rushdoony acerca de este pasaje son de valor.

“La ocasión de este incidente fue la fiesta de la dedicación, también llamada la fiesta de las luces. Conmemoraba la purificación y re-dedicación del Templo en 165 a.C. después de la profanación por Antíoco IV Epifanías (1 Macabeo 1:59; 4:52, 59; etc.) Era una fiesta de ocho días celebrando la liberación de un poderoso tirano extranjero. En 166 a.C. el Templo había sido profanado por Antíoco IV Epifanías y la liberación era celebrada anualmente en la mitad de diciembre. Mientras no cesaban el trabajo ni el negocio, era un tiempo de celebración y gozo. La euforia de la victoria teñía la vida de los judíos durante varias generaciones. Era el invierno, nos dice, y Jesús estaba caminando adentro del Templo en el pórtico de Salomón donde había protección de la lluvia. Nos dice en el versículo 24 que los judíos, quiere decir los líderes religiosos, rodearon a Jesús demandando, “¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.” Las palabras de nuestro Señor habían sido bastante claras pero lo que fue demandado era lenguaje explícito que podía servir como testimonio en un tribunal. Su condenación ya había sido decidida más o menos; lo que querían era lenguaje que podían usar contra Él. R.J. Rushdoony, The Gospel of John, p. 139.

La ironía es que era una celebración de la liberación de la tiranía de un poder extranjero celebrado en un tiempo de sujeción a otro poder tirano extranjero, el imperio romano. La libertad de esta tiranía estaba en el Rey Jesús, pero los líderes rechazaron a Jesús por el pacto que habían hecho con César. Luego cuando Pilato intentó librar “al Rey de los Judíos” gritaron, “No tenemos rey menos César.”

Los que argumentan que el cristiano debe participar en la fiesta de Janucá porque Jesús participaba están extrayendo del texto de Juan 10:22,23 lo que no es parte del argumento de Juan. Es el clásico error de interpretación, un texto sin contexto es un pretexto.

Aunque no hay nada que prohíbe al cristiano participar en la fiesta de Janucá, ésta no es más santa que la navidad. El silencio de Jesús acerca de esta fiesta tradicional de los judíos apoya la libertad del cristiano de celebrar la Janucá o la navidad o ambas o ninguna. El hecho de que Jesús estaba presente en el templo durante la celebración no puede obligar a nadie a participar ni en una ni en otra.

Jesús trajo el nuevo pacto. Reemplazó la circuncisión con el bautismo y la pascua con la Santa Cena. Durante su vida cumplía perfectamente toda la ley incluyendo las leyes ceremoniales que cambió bajo el nuevo pacto. Fue circuncidado. ¿Nos obliga a circuncidarnos? Participaba en la pascua de los judíos y todo el sistema del templo durante su vida. ¿Nos obliga a seguir con los sacrificios?

La fiesta de Janucá es una tradición de los judíos, no es parte de la ley de Moisés. El juicio de Jesús contra los fariseos fue que quebrantaban el mandamiento de Dios por sus tradiciones (Mateo 15:3). Parece como el movimiento de los judaizantes durante las primeras décadas de la iglesia antes de la destrucción del templo en 70 d.C. Obligaban a los gentiles a hacerse judíos. (Gálatas 2:11-14; 6:12,13) Pablo confrontó a Pedro por esta hipocresía. Le dijo,

“Si tú que eres judío vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?” (Gálatas 2:14)

Si celebramos la navidad o Janucá o ambas o ninguna, que lo hagamos para la gloria de Dios.

“Para libertad fue que Cristo nos hizo libres. Por tanto, permanezcan firmes, y no se sometan otra vez al yugo de esclavitud.” Gálatas 5:2