El sacrificio del vivir por la vida.
Ricardo García

Recientemente en una entrevista que un noticiero estadounidense hizo al Dr. Fauci se le preguntó si era prudente que los niños a pesar de la campaña de vacunación se juntasen con otros niños, obviamente su respuesta fue que no, dijo que deberán seguir usando su cubrebocas y evitar reunirse con otros niños, como es de esperarse estas medidas no tardarán en replicarse en Latinoamérica. La entrevista hizo preguntarme ¿Cuánto mas de esto es suficiente? ¿hasta dónde estamos dispuestos a sacrificar y seguir con esto?

Durante un año ya, en beneficio de la salud se sacrificó la libertad, la economía, la tranquilidad y muchas otras cosas más; la pregunta de ¿cuánto más de esto es suficiente? Debería ser evaluado según la Escritura, ¿dónde o cual sería el punto en que debemos decir “es suficiente”?

Un gran problema ciertamente es una cosmovisión fragmentada en la que no solo se espiritualizan ciertas cosas y otras no, sino donde también se jerarquizan ciertos aspectos sobre otros, por ejemplo “la vida” sobre otros aspectos incluso sobre el vivir mismo. Esta cosmovisión fragmentada nos hará priorizar y separar varios aspectos de la vida misma, cosa opuesta a ver la vida desde la perspectiva bíblica, como una unidad. No podemos pretender “vivir” pensando que la salud es el bien máximo y supremo, dejando de lado lo que implica realmente vivir, la vida es mucho más que cuidarse de no enfermar, con esto no digo que la salud no sea importante, sino que la salud es parte integral de la vida misma que va de la mano con otros aspectos.

La muerte es una realidad en la vida del hombre, y esta realidad le hace estar frente a frente con el hecho de que su tiempo es limitado. El hombre caído pelea con este hecho y desde siempre ha querido conquistar esta realidad, la muerte. Como cristianos debemos entender que si bien nuestro tiempo es limitado la muerte no es un problema para nosotros porque ya ha sido conquistada, debemos entender que este tiempo limitado debe ser redimido y puesto al servicio de Dios.

Esto es muy importante porque el temor a la muerte puede jugar en nuestra contra, Rushdoony comenta:

 “el temor a la muerte es suicida, porque deforma, colorea y destruye la vida”

El temor a morir puede hacernos destruir otros aspectos de la vida misma, una sociedad con temor a morir paradójicamente corre al suicidio.

Jesús en Mateo 6 dijo:

 “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”

Jesús aquí no solo hace un llamado a descansar en la providencia divina, sino que deja claro que la vida misma es mucho más de lo que pensamos; la vida es mucho más que evitar enfermarte; el vivir del hombre no gira alrededor de la salud del hombre, sino en Dios.

El propósito de la vida del hombre no está en velar por su propio sustento, sino en el Reino de Dios y Su justicia.

La vida del hombre no está determinada por el miedo a la muerte sino por la obediencia a la Ley de Dios, Job entendía muy bien esto:

Del mandamiento de sus labios nunca me separé;
Guardé las palabras de su boca más que mi comida”

Job 23:12

Si bien el preservar la vida es un aspecto importante de guardar la Ley de Dios, así también lo son los otros mandamientos, la obediencia a la Ley de Dios es lo que determina una vida plena, el vivir en conformidad a esta Ley.

Asi como las palabras del Dr. Fauci y de cada “experto” en sus respectivos países, el factor común es este, debemos vivir con miedo. La tan anhelada vacuna la cual sería la clave para poder volver a la normalidad o a la vida, ahora resulta que no es suficiente, se deberán seguir las normas que fueron desde antes de la dichosa vacuna, entonces pregunto ¿es normal vivir así? ¿estamos dispuestos a “vivir” una nueva normalidad con miedo? ¿A esto se refería Jesús cuando dijo que había venido para darnos vida en abundancia?

Los niños sin poder ser niños, la vida sin ser vida; la vida es mucho más que permanecer encerrados con temor. La Biblia no nos dice que así debe ser la vida sino todo lo contrario, el ver ciudades sin vida, asoladas en la Escritura son rasgos de juicio.

  “¿Cómo yace solitaria la ciudad de tanta gente! Se ha vuelto como una viuda la grande entre las naciones;” 

Lamentaciones 1:1

Porque el palacio ha sido abandonado, hecha un desierto la populosa ciudad. Collado y atalaya se han convertido en cuevas para siempre, un deleite para asnos monteses, un pasto para rebaños;

Isaías 32:14

“Yo he exterminado naciones; sus torreones están en ruinas, hice desiertas sus calles, sin que nadie pase {por ellas;} sus ciudades están desoladas, sin hombre alguno, sin ningún habitante. “

Sofonías 3:6

Y así muchos ejemplos más; la normalidad de ninguna manera la deben dictar los gobiernos, sino la normalidad de la vida la dicta la Escritura misma.

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas.”

Zacarías 8:4-5

El fin principal del hombre según la confesión de fe de Westminster es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre, entonces el fin principal del hombre se centra en Dios, primeramente, en la obediencia del hombre y el resultado de esto es una buena vida como fruto de la obediencia. El orden humanista trata de re-ordenar esto teniendo como fin principal la gloria del hombre y el gozar del hombre mismo, el orden divino se invierte poniendo las necesidades del hombre como prioridad. La vida es Dios-céntrica, no podemos enfocar el propósito de nuestra existencia en preservar nuestra vida como meta única y principal y olvidarnos de vivir.

El punto aquí de ninguna manera es el no cuidar nuestra salud, sino entender que la salud forma parte integral de la vida del hombre; la vida del cristiano no la determina su entorno ni el miedo a la muerte sino como ciudadano del Reino de Dios él está orientado a la vida en todas sus facetas.

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