El perdón ¿a quién?

Ricardo G. Ojeda

Durante la última semana se han desatado una serie de comentarios acerca de la petición del presidente López Obrador en la que pide al Rey de España se disculpe por la matanza a cargo de los españoles durante la Conquista de México. Los comentarios iban de lo risible a lo irreal, y me llamó mucho la atención que muchos defendían la postura del presidente porque decían “por fin un mandatario ha tenido el valor de exigir algo así”, como si estuviéramos en el barrio y por fin sale el valiente que le da la cara al que molesta a todos, una especie de orgullo tal vez, “al fin alguien de nuestro lado”. No debemos olvidar que México como Latinoamérica sufren de baja autoestima, y esta baja autoestima es según muchos gracias a que los conquistadores saquearon la riqueza de nuestras tierras, acabaron con culturas riquísimas, etc.  Y que desde entonces nunca hemos podido ponernos de pie. Este tipo de pensamiento en el que el hombre se victimiza a sí mismo diciendo que su entorno o agentes externos son los culpables de su miseria es característico de aquellos que rechazan la responsabilidad y por ende son desobedientes a Dios, nunca saldrán de este estado de víctimas, no porque no quieran, sino porque les gusta sentirse así.

Volviendo al tema del “perdón”, pienso que esta totalmente fuera de lugar, ya que, si nuestro pensamiento es centrado en el Pacto, no hablamos de perdón sino de confesión, arrepentimiento y restitución, ¿pero a quién? Es la pregunta, definitivamente esto no es entre naciones o pueblos. Si nuestra perspectiva de la historia es según el pacto, lo sucedido durante la Conquista se trató de un juicio por parte de Dios hacia un pueblo que hizo cosas detestables delante de Él, de la misma manera que Dios juzgó a muchas naciones rebeldes, incluyendo a Israel a manos de los romanos; recordemos que la cultura tan folclórica que vinieron a destruir los conquistadores fue una de las más sanguinarias si no la más sanguinaria que ha existido.

La Ley de Dios deja claro que solo la víctima es la que puede demandar justicia u otorgar el perdón, pero nunca un tercero, Dios es la víctima principal en cualquier ofensa y el hombre en segundo lugar. Aunque Dios ha juzgado naciones por ofenderle quebrantando Su ley, cada individuo es responsable directamente delante de Dios por sus acciones, quiéralo o no.

Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos.  Salmo 51:3-4

Entonces la petición del presidente queda fuera de lugar completamente, principalmente porque el es un tercero que no tiene autoridad legítima de demandar nada en este caso. Aunque parece irrelevante este tipo de acciones, no debemos olvidar la premisa básica en este tipo de casos, Dios es la principal víctima de cualquier ofensa en contra de nuestro prójimo. Mas que estar enfrascados en que quién pide perdón a quién, deberíamos evaluar si es que estamos siendo fieles a Dios, si no, reconocer y confesar nuestros pecados delante de Él, aprender de la historia y no cometer los mismos errores.

La confesión de Esdras por los pecados de Israel nos da un claro ejemplo de a quién ofendemos verdaderamente cuando nos apartamos de la Ley de Dios.

El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres. Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.  Nehemías 9:1-3

Si los españoles tienen de que disculparse, o más bien arrepentirse, es de sus pecados delante del Dios trino, por haberse apartado de Su Ley, no hacia México; de la misma manera los mexicanos debemos confesarnos delante de Dios por nuestra rebelión, no debemos perder el enfoque de ante quién rendimos cuentas. ¿O acaso ambos gobiernos no deberían pedir perdón ante Dios por esclavizar a su pueblo o por usurpar el rol de la familia, o por querer jugar a ser Dios?

He aquí el rol tan importante de la familia cristiana, dentro de la familia es donde se aplica la fe que permea toda la vida, es donde se moldea una cosmovisión basada en el pacto, la familia es el motor del orden social divino, si oramos “que se haga Tu voluntad en la tierra como en el cielo” es porque estamos dispuestos a empezar por la familia. Los hijos deben entender a quién verdaderamente ofenden cuando desobedecen la Ley de Dios y ante quién se arrodillan al confesar y pedir perdón por sus pecados.

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