Y cuando el que habló a Moisés, la Palabra del Padre, apareció en el fin
del mundo, también dio este mandamiento, diciendo: “Cuando les persigan en esta ciudad, huyan a otra” (Mateo 10:23) y poco después dijo: “Por tanto, cuando vean en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa” (Mateo 24:15-17). Sabiendo estas cosas, los Santos regularon su conducta conforme a esto.

Atanasio, La Defensa de Su vuelo [11]

10- LA GRAN TRIBULACIÓN

Uno de los principios más básicos para una comprensión correcta del mensaje de la Biblia es que la Escritura interpreta a la Escritura. La Biblia es la Palabra de Dios santa, infalible e inequívoca. Esta es nuestra autoridad máxima. Esto significa que no podemos buscar una interpretación autoritativa del significado de la Palabra en cualquier lugar fuera de la Biblia misma.

También significa que no debemos interpretar la Biblia como caída del cielo en el siglo veinte. El Nuevo Testamento fue escrito en el primer siglo así es que debemos buscar comprenderla en términos de los lectores del primer siglo. Por ejemplo, cuando Juan llamó a Jesús “el Cordero de Dios,” ni él ni los que le escucharon tuvieron en mente algo remotamente similar a lo que el hombre promedio moderno en las calles podría pensar de eso si escuchara que a alguien se le llama “cordero.” Juan no quiso decir que Jesús era dulce, tierno, bonito o lindo. En realidad, Juan no se estaba refiriendo a la personalidad de Jesús en ningún momento. Él quería decir que Jesús era el sacrificio sin pecado para el mundo. ¿Cómo sabemos esto? Porque la Biblia nos lo dice.
Este es el método que debemos utilizar al resolver cualquier problema de interpretación en la Biblia, incluyendo los pasajes proféticos. Es decir, cuando leemos un capítulo en Ezequiel, nuestra primera reacción no debe ser escanear las páginas de una revista neoyorquina en una búsqueda frenética de claves para su significado. El periódico no interpreta la Escritura en ningún sentido. El periódico no debe decidir por nosotros cuando ciertos eventos proféticos deben ser cumplidos. La Escritura interpreta a la Escritura.

Esta Generación
En Mateo 24 (Marcos 13 y Lucas 21) Jesús le habló a Sus discípulos a cerca de una “gran tribulación” que vendría sobre Jerusalén. Se ha convertido en algo asombroso por más de 100 años aproximadamente el enseñar que Él estaba hablando acerca del fin de la “Era de la Iglesia” y del tiempo de Su Segunda Venida. Pero, ¿esto es lo que Él quiso decir? Necesitamos notar con atención que Jesús mismo dio la fecha (aproximada) de la Tribulación venidera, no dejando lugar a dudas después de cualquier examinación cuidadosa del texto Bíblico. Él dijo:

De cierto les digo, que no pasará esta generación hasta que
todo esto acontezca (Mateo 24:34).

Esto significa que todo lo que Jesús habló en este pasaje, por lo menos hasta el versículo 34, sucedió antes de que la generación que en ese entonces estaba viva, muriera. “Espera un momento,” dirás. “¿Todo? El testificar a todas las naciones, la Tribulación, la venida de Cristo en las nubes, las estrellas cayendo… ¿todo?” Sí – y, de paso, este punto es una muy buena prueba de tu compromiso con el principio con el que empezamos en este capítulo. La Escritura interpreta la Escritura, te dije y asentaste con tu cabeza y bostezaste pensando: “Claro, yo sé todo eso. Ve al grano. ¿En dónde entran las explosiones atómicas y las Abejas Asesinas?” El Señor Jesús declaró que “esta generación” – gente que vivía en ese entonces – no pasaría antes de que las cosas que Él profetizó sucedieran. El punto es ¿lo crees?
Algunos han buscado darle la vuelta al impacto de este texto diciendo que la palabra generación realmente significa raza y que Jesús simplemente estaba diciendo que la raza Judía no moriría hasta que todas las cosas sucedieran. ¿Es esto verdad? Te desasfío: Saca tu concordancia y busca cada aparición de la palabra generación (en griego, genea) del Nuevo Testamento y revisa si alguna vez significa “raza” en algún otro contexto. Aquí están todas las referencias de los Evangelios: Mateo 1:17; 11:16; 12:39, 41, 42, 45; 16:4; 17:17; 23:36; 24:34; Marcos 8:12, 38; 9:19; 13:30; Lucas 1:48, 50; 7:31; 9:41; 11:29, 30, 31, 32, 50, 51; 16:8; 17:25; 21:32. Ninguna de estas referencias está hablando de toda la raza Judía a lo largo de miles de años; todas usan la palabra en su sentido normal como suma total de aquellos que viven al mismo tiempo. Siempre se refiere a contemporáneos. (De hecho, aquellos quienes dicen que significa “raza” tienden a reconocer este hecho, pero explican que la palabra ¡de repente cambia sus significado cuando Jesús la utiliza en Mateo 24! Nosotros podemos sonreír ante tan transparente error, pero deberíamos recordar que esto es algo muy serio. Nosotros estamos lidiando con la Palabra del Dios vivo).
La conclusión, por lo tanto, – aun antes de que empecemos a investigar el pasaje como un todo – es que los eventos profetizados en Mateo 24 sucedieron en el transcurso de la vida de la generación que estaba viviendo en ese entonces. Esta generación fue la que Jesús llamó “malvada y perversa” (Mateo 12:39, 45; 16:4; 17:17); fue esta “generación terminal” la que crucificó al Señor y fue esta generación, de la que Jesús dijo, sobre la cuál vendría el castigo por “toda la sangre justa derramada en la tierra” (Mateo 23:35).

Todas Estas Cosas

De cierto les digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí su casa les es dejada desierta” (Mateo 23:36-38).

La declaración de Jesús en Mateo 23 da la pauta para Su enseñanza en Mateo 24. Jesús claramente habló de un juicio inminente sobre Israel por rechazar la Palabra de Dios y por la apostasía final de rechazar al Hijo de Dios. Los discípulos estaban tan alterados de que Su profecía viniera sobre la generación presente y de la “desolación” de la “casa” de los Judíos (el Templo) que cuando estuvieron a solas con Él, no se pudieron controlar y le pidieron una explicación.

Y Jesús salió del Templo y ya se iba cuando Sus discípulos vinieron a señalarle los edificios del Templo a Él.
Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: “¿Ven todo esto? De cierto les digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.” Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, “¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:1-3).

Una vez más, debemos de prestar mucha atención al hecho de que Jesús no estaba hablando de algo que pasaría miles de años después, a algún templo futuro. Él estaba profetizando acerca de “todas las cosas”, diciendo que “no quedará aquí piedra sobre piedra.” Esto resulta aún más claro si consultamos los pasajes paralelos:

Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada (Marcos 13:1-2).
Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que ven, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida (Lucas 21:5-6).

La única interpretación posible de las palabras de Jesús que Él mismo permite, por lo tanto, es que Él estaba hablando de la destrucción del Templo que había en ese entonces en Jerusalén, el edificio mismo que los discípulos contemplaban en ese momento en la historia. El Templo del que Jesús habló fue destruido después de la caída de Jerusalén ante el ejército Romano en el año 70 DC. Esta es la única interpretación posible de la profecía de Jesús en este capítulo. La Gran Tribulación terminó con la destrucción del Templo en el año 70 DC. Aún en el caso (improbable) de que otro Templo se construya en algún tiempo en el futuro, las palabras de Jesús en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 no tienen nada que decir al respecto. Él estaba hablando solamente acerca del Templo de aquella generación. No existe ninguna base Escritural para asegurar que se habla de algún otro templo. Jesús confirmó los temores de sus discípulos: El hermoso Templo de Jerusalén sería destruido en esa generación, su casa sería dejada desolada. Los discípulos entendieron el significado de esto. Ellos sabían que el juicio venidero de Cristo para destruir el Templo implicaría la disolución final de Israel como la nación de pacto. Sería la señal de que Dios se había divorciado de Israel, removiéndose Él mismo de en medio de ella, tomando el reino de ella y dándoselo a otra nación (Mateo 21:43). Marcaría el fin de esa era y el comienzo de otra completamente nueva en la historia del mundo – el Nuevo Orden Mundial de Jesucristo. Desde el principio de la creación hasta el año 70 DC, el mundo estaba organizado alrededor de un Santuario central, una sóla Casa de Dios. Ahora, en el orden del Nuevo Pacto los santuarios son establecidos donde sea que la verdadera adoración existe, donde los sacramentos son observados y donde la Presencia especial de Cristo es manifestada. Anteriormente en Su ministerio, Jesús había dicho: “la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraran al Padre… Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:21-23). Jesús estaba dejando en claro, ahora que la nueva era iba a ser establecida permanentemente sobre las cenizas de la vieja. Los discípulos preguntaron con urgencia: “¿Cuándo pasarán estas cosas y que señal habrá de tu venida y del fin de esta era?” Algunos han intentado leer esto como dos o tres cuestiones completamente separadas, de tal forma que los discípulos estarían preguntando primero acerca de la destrucción del Templo y después acerca de las señales del fin del mundo. Esto resulta difícilmente creíble. La preocupación del contexto inmediato (el sermón reciente de Jesús) es acerca del destino de esta generación. Los discípulos consternados habían señalado las bellezas del Templo, como argumentando que tan magnífico espectáculo no debería ser arruinado; ellos acababan de ser silenciados con la declaración categórica de Jesús de que no quedaría ahí piedra sobre piedra. No existe cosa alguna que indique que ellos de repente cambiaron el tema y preguntaron acerca del fin del universo material. (La traducción “fin del mundo” en la versión King James está equivocada, porque el significado de la palabra en inglés para mundo ha cambiado apenas en los últimos siglos. La palabra en griego aquí no es cosmos [mundo], sino aion, que significa eon o era). Los discípulos tenían una preocupación y sus preguntas giraban alrededor de un solo asunto: el hecho de que su propia generación fuera testigo del cierre de la era pre-Cristiana y la venida de la nueva era prometida por los profetas. Todo lo que ellos querían era saber cuando sucedería y que señales debían buscar para poder estar completamente preparados.

Señales del Fin

Jesús respondió dándoles a los discípulos no una sino siete señales del fin. (Debemos recordar que “el fin” en este pasaje no es el fin del mundo, sino más bien el fin de la era, el fin del Templo, del sistema de sacrificios, de la nación de pacto de Israel y del último remanente de la era pre-Cristiana). Es notorio que existe una progresión en esta lista: las señales parecen volverse más específicas y pronunciadas hasta que llegamos al precursor último e inmediato del fin. La lista empieza con ciertos eventos que ocurrirían simplemente como el “principio de dolores” (Mateo 24:8). En sí mismos, Jesús les advirtió, que no debían ser tomados como señales de un final inminente; por lo tanto los discípulos debían guardarse de malinterpretar este punto (v.4). Estos eventos del “principio,” marcando el periodo entre la resurrección de Cristo y la destrucción del Templo en el 70 DC, eran de la siguiente manera:

1. Mesías Falsos. “Porque vendrán muchos en Mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (v.5).
2. Guerras. “Y oiran de guerras y rumores de guerras; miren que no se turben, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino” (v.6-7ª).
3. Desastres Naturales. “y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (v.7b-8).

Cualquiera de estos sucesos habría provocado que los Cristianos sintieran que el fin estaba pronto sobre ellos, si Jesús no les hubiera advertido que tales eventos eran simplemente tendencias generales que caracterizaban a la generación final y no las señales precisas del fin. Las siguientes dos señales, mientras que todavía caracterizaban al periodo completo, sí nos llevan al punto cercano al fin de la era:

4. Persecución. “Entonces los entregarán a tribulación, y los matarán, y seran aborrecidos de todas la gente por causa de Mi nombre” (v.9).
5. Apostasía. “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (v.10-13).

Los últimos dos temas en la lista son mucho más específicos e identificables que las señales anteriores. Este sería el final, las señales definitivas del fin – una el cumplimiento de un proceso y la otra de un evento decisivo:

6. La evangelización Mundial. “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (v.14).

A primera vista, esto parece increíble. ¿Pudo haber sido predicado el evangelio a todo el mundo en el lapso de la generación de estas palabras? El testimonio de la Escritura es claro. No sólo pudo haber sucedido, sino que de hecho sucedió. ¿La Prueba? Unos cuantos años antes de la destrucción de Jerusalén, Pablo escribió a los Cristianos de Colosas del “evangelio que ha llegado hasta ustedes, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en ustedes” (Colosenses 1:5-6) y les exhortó a no apartarse “del evangelio que han oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo” (Colosenses 1:23). A la iglesia en Roma, Pablo les anunció “su fe se divulga por todo el mundo” (Romanos 1:8), porque la voz de los predicadores del evangelio “ha salido por toda la tierra y sus palabras hasta los fines del mundo” (Romanos 10:18). De acuerdo a la Palabra de Dios infalible, el evangelio era predicado en realidad en todo el mundo, mucho antes de que Jerusalén fuera destruida en el año 70 DC. Esta señal crucial del fin fue cumplida como Jesús lo había dicho. Lo único que faltaba era la séptima, la señal final y cuando este evento ocurrió cualquier Cristiano que quedaba en y cerca de Jerusalén fue instruido a escapar de una vez por todas:

7. La Abominación Desoladora. “Por tanto, cuando vean en el lugar santo la Abominación Desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa” (v.15-18).

El texto del Antiguo Testamento al que Cristo se refierae está en Daniel 9:26-27, el cual profetiza la llegada del ejército para destruir a Jerusalén y el Templo: “y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones…después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.” La palabra hebrea para abominación es utilizada a lo largo del Antiguo Testamento para indicar ídolos e inmundicia, prácticas idólatras, especialmente de los enemigos de Israel, (ver por ejemplo Deuteronomio 29:17; 1 Reyes 11:5, 7; 2 Reyes 23:13; 2 Crónicas 15:8; Isaías 66:3; Jeremías 4:1; 7:30; 13:27; 32:34; Ezequiel. 5:11; 7:20; 11:18, 21; 20:7-8, 30). El significado tanto de Daniel como de Mateo queda claro en la referencia paralela en Lucas. En lugar de la “Abominación Desoladora,” en Lucas leemos:

Pero cuando vieren a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas (Lucas 21:20-22).

La “abominación desoladora,” por lo tanto, iba a ser la invasión armada de Jerusalén. Durante el periodo de las Guerras Judías, Jerusalén fue rodeada por ejércitos paganos muchas veces. Pero el evento específico indicado por Jesús como “la abominación desoladora” parece ser la ocasión cuando los Edomitas (Idumeos), los enemigos ancestrales de Israel, atacaron a Jerusalén. Muchas veces en la historia de Israel, cuando era atacada por sus enemigos paganos, los Edomitas irrumpieron para devastar y desolar la ciudad, sumándose en gran manera así a la miseria de Israel (2 Crónicas 20:2; 28:17; Salmos 137:7; Ezequiel 35:5-15; Amós 1:9, 11; Abdías 10-16).
Los Edomitas se mantuvieron fieles a su forma y su patrón característico fue repetido durante la Gran Tribulación. Una tarde en el año 68 DC los Edomitas rodearon la ciudad santa con 20,000 soldados. Mientras que estaban fuera del muro, escribió Josefo “ahí se desató una tormenta prodigiosa en la noche, con violencia extrema y vientos muy fuertes, con lluvia abundante, con relámpagos continuos, truenos terribles y contusiones asombrosas y bramidos de la tierra, que habían en un terremoto. Estas cosas fueron un indicativo manifiesto de que alguna destrucción estaba viniendo sobre los hombres, cuando el sistema del mundo fue puesto en este desorden y cualquiera adivinaría que estas maravillas anticipaban grandes calamidades que estaban por venir.” Esta era la última oportunidad de escapar de la ciudad predestinada de Jerusalén. Cualquiera que deseara huir lo tenía que hacer inmediatamente sin ningún retraso. Los Edomitas irrumpieron en la ciudad y fueron directamente al Templo, donde mataron a 8,500 personas cortando sus gargantas. Mientras que el Templo se inundaba de sangre, los Edomitas enloquecidos recorrieron las calles de la ciudad, saqueando casas y asesinando a todos los que se encontraban, incluyendo al sumo sacerdote. De acuerdo al historiador Josefo, este evento marcó “el principio de la destrucción de la ciudad… este mismo día puede considerarse como la fecha del derrocamiento del muro y la ruina de sus asuntos.”

La Tribulación

Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que críen en aquellos días! Oren, pues, que su huida no sea en invierno ni en sábado, porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá (Mateo 24:19-20).

El relato de Lucas nos da detalles adicionales:
Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que críen en aquellos días!, porque habrá gran calamidad en la tierra e ira sobre este pueblo. Caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:23-24).

Como se señala en Mateo, la Gran Tribulación iba a suceder, no al final de la historia, sino en la mitad, porque nada similar había ocurrido “desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” Por lo tanto, la profecía de la Tribulación se refiere a la destrucción del Templo sólo en esa generación (70 DC). No se puede hacer que encaje en algún esquema de interpretación de “doble cumplimiento;” la Gran Tribulación del año 70 DC fue un evento absolutamente único, que nunca se ha de repetir.
Josefo nos dejó el registro como de un testigo ocular de mucho del horror de aquellos años y especialmente de los días finales en Jerusalén. Este fue un tiempo cuando “el día se ocupaba en el derramamiento de sangre y la noche en el temor”; cuando era “común ver a las ciudades llenas de cadáveres”; cuando los Judíos entraron en pánico y empezaron a matarse unos a otros de manera indiscriminada; cuando los padres llorando mataban a sus familias completas para prevenir que recibieran un tratamiento peor por parte de los Romanos; cuando en medio de una hambruna terrible, las madres mataban, rostizaban y se comían a sus propios hijos (Deuteonomio 28:53); cuando toda la tierra “estaba llena por todas partes de fuego y sangre”; cuando los lagos y los mares se volvieron rojos, con cadáveres flotando por todas partes ensuciando las costas, hinchándose en el sol, pudriéndose y separándose; cuando los soldados Romanos capturaban a las personas que intentaban escapar y las crucificaban – en promedio de 500 por día.
“¡Sea crucificado! ¡Sea crucificado! Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos” habían gritado los apóstatas cuarenta años antes (Mateo 27:22-25) y cuando terminó todo, más de un millón de Judíos habían sido asesinados en Jerusalén; casi un millón más fueron vendidos como esclavos por todo el imperio y toda Judea yacía en ruinas latentes, virtualmente despoblada. Los días de la venganza habían llegado con una intensidad horrorizante y sin misericordia. Al romper su pacto, la ciudad santa se había convertido en la ramera Babilónica y ahora era un desierto, “la habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo y en albergue de toda ave inmunda y aborrecible” (Apocalipsis 18:2).

Aquí puedes leer el libro completo del el Paraíso Restaurado.