El matrimonio, el feminismo, y el cuarto mandamiento.
Ricardo García

Muchos de los recientes acontecimientos que han puesto en jaque no solo a la Iglesia sino a la sociedad incluido el gobierno, se han dado a causa de diferentes factores que convergen en un punto, en el abandono de la Ley de Dios como norma de vida o su falta de enseñanza.

Uno de los movimientos que están llevando a la sociedad a su colapso es el feminismo, esto como mencioné es por causa del abandono de la Ley de Dios. Haciendo un análisis del movimiento feminista moderno y su enemistad con la Ley de Dios, es interesante notar que a este movimiento se le ha dejado la puerta abierta a causa de que la Iglesia tiene una débil o deformada doctrina de la autoridad, es por esto que muchos cristianos pueden llegar a ser presa fácil adjudicando “legitimidad” a este movimiento.

Grandes problemas dentro de la sociedad no son solo culpa del feminismo sino precisamente por falta de una doctrina bíblica de la autoridad. Muchos movimientos desestabilizadores surgen por esta carencia.

El principio sobre el cual descansa esta doctrina es que toda autoridad en cualquier área es delegada y es responsable delante de Dios, ya sea en el hogar, en la Iglesia o el gobierno civil. Ningún hombre tiene autoridad absoluta.

El cuarto mandamiento “Guardarás el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado” está fuertemente ligado con esta doctrina, el reposo del cristiano se extiende a toda área de su vida, en el caso de Israel, el pueblo debía estar sujeto a Dios descansando en Su autoridad, cuando Dios pide santificarlo se debía presuponer la autoridad y la sujeción del hombre a Dios, el reposo como señal del pacto, el cual haría la diferencia entre el pueblo de Israel y las demás naciones descansa en la soberanía y autoridad de Dios. El cristiano descansa en esta autoridad también.

Tanto nos hemos alejado de esta verdad que con el simple hecho de mencionar lo que dice Efesios 5:22-24 hace que muchos se jalen los cabellos.

“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.”

En este tiempo el hablar de sujeción es causa de reclamos y enojo, esto porque hemos sido bien instruidos en la negación de la autoridad, por ejemplo, Levítico 19:32 dice: “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.”  El mandamiento es el honrar a los mayores no solo por su edad sino porque ellos representan la autoridad de Dios, el deber de practicar y enseñar esto mostraba el respeto a la autoridad última, que es Dios; en la actualidad los jóvenes no observan este mandato, ¿porqué? porque se les ha enseñado a menospreciar la experiencia y la autoridad de los mayores, cada hombre se ha enseñado es su propio juez y dictador de lo bueno y malo, él es quien dirige su propio rumbo dejando de lado la historia y la experiencia de otros, ahora dentro del matrimonio el que a una esposa se le mencione que es bueno el estar sujeta a su marido es una ofensa, es tomado como un menosprecio a su ser; otros por otro lado toman una postura opuesta viendo esto como una “necesidad” a causa del carácter de la mujer, que es por esto que necesitan estar sujetas al marido, esto por supuesto es una gran mentira fruto de la Ilustración, justo ahí empezó a gestarse la idea de que las mujeres tienen un carácter mas sentimental que el de los hombres y que precisamente por esta razón su rol debía quedar limitado a ciertas áreas de la vida.

El concepto de autoridad con el paso del tiempo se ha desligado del concepto de responsabilidad, ahora todos quieren y buscan autoridad pero sin responsabilidad, el hecho de que las esposas deban estar sujetas al marido de ninguna manera les resta autoridad, aquí la relación con el cuarto mandamiento, dentro del matrimonio tomando el pasaje de Efesios 5, Dios les da reposo confiando no solo en la autoridad delegada de su marido sino en la autoridad de Dios mismo. El hecho de que el hombre esté sujeto a Cristo le hace reconocer que está bajo Su autoridad, él no puede actuar fuera de lo que Dios le ha mandado hacer, es por eso la imagen de la relación de Cristo con la iglesia; la iglesia descansa en el cuidado de Cristo así como la esposa descansa en el cuidado del marido el cual está completamente sujeto a la autoridad de Cristo y dispuesto a dar su vida por el bien de su esposa, no hay interpretación de la realidad por parte de él apartado de Cristo. El propósito de la autoridad no es mandar sobre otros sino enseñar a ejercer legítima autoridad bajo Dios comenzando con el auto-dominio.

El feminismo moderno al estar enemistado con Dios rechaza el reposo santo, no quiere autoridad sino la suya misma. El punto aquí es hacer reflexionar a los cristianos que piensan en la legitimidad del movimiento como algo justo sin evaluar las implicaciones de adherirse a sus filas.

Como mencioné el tema de autoridad se ha desligado de la responsabilidad, y este tipo de movimientos que reclaman autoridad, pero sin responsabilidad, buscan un “reposo” pero fuera de Dios, su reposo esta en el hombre o mejor dicho en el Estado. El Estado para ellos es el proveedor de seguridad y de justicia, el Estado como dios sobre la tierra puede delegar y quitar autoridad como le plazca.

Hay una relación económica dentro del matrimonio donde cada parte no es más que la otra, sino que cada uno cumple con su llamado bajo Dios; la familia es la primera comunidad de los hijos, su primera iglesia y su primer gobierno; lo que vemos manifestado en la sociedad es lo que hemos enseñado desde casa. Si el cristiano esta llamado a establecer la cultura de Dios en la tierra mostrando lo bueno de Su Ley, debemos enseñar esto en casa entonces. Autoridad no es quien manda, sino quien es responsable.

Mientras sigamos dejando de lado la legitima autoridad bajo Dios y sigamos abrazando el concepto humanista, seguiremos batallando con los mismos problemas. La verdadera batalla que el hombre pretende pelear no es entre sexos realmente sino entre él contra Dios, contra su gobierno y autoridad.

Asegurémonos de enseñar a los hijos acerca del verdadero reposo, la verdadera autoridad y que la relación entre hombre y mujer encuentra verdadero sentido en relación de ambos hacía Dios.

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