Por: Roger Oliver

La espiritualidad no es ser un cuate religioso y amable. Si piensas que eres más espiritual que los demás porque eres un hombre dicho “noble” que nunca alza la voz y evita el conflicto no eres mejor que el fariseo en la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14).

Entonces, ¿qué significa ser un hombre espiritual? La espiritualidad habla del poder invisible que permea toda la creación, la omnipresencia de Dios. Además, aunque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales (Efesios 6:12) la guerra se lleva a cabo en este mundo material en que Dios nos ha puesto con la misión de restaurar la creación (Romanos 8:19-22; Colosenses 1:20)

El ser “espiritual” es nada más que ser empoderado por el Espíritu. Por supuesto produce el fruto del Espíritu pero esto es una lista parcial y no entendido sin el contexto del contraste con lo que produce la carne (Gálatas 5:16-25). Seguramente Jesús exhibía el fruto del Espíritu durante toda su vida en la tierra, el mismo Jesús que corrió a los mercaderes del templo y que llamaba a los fariseos sepulcros blanqueados. El mismo Pablo que dijo a Timoteo que el siervo del Señor no debe ser contencioso (2 Timoteo 2:24) confrontó a Pedro públicamente por su hipocresía (Gálatas 2:11).

Cuando escucho a alguien hablar del “lado espiritual” como si fuera aparte del mundo material sé que estoy en la presencia del dualismo del pietismo que ha infectado a la iglesia y la ha hecho “sal sin sabor” en el mundo.