El amor al prójimo en tiempos de pandemia.

 

Ricardo García

Marcos 12:28-34:

²⁸Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

²⁹Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

 ³⁰Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

³¹Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

³²Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él;

³³y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.

³⁴Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle. 

El tema de “amar al prójimo” es mal empleado muchas veces para justificar el pecado o el control de los hombres sobre otros hombres, el problema radica en la falta de un estándar para definir el amor. Tal vez podamos pensar en el gobierno en primera instancia por las medidas coercitivas que le caracterizan, claro siempre en “beneficio” del pueblo, pero incluso también los cristianos somos culpables por esta falta de entendimiento.

Esta misma historia la encontramos en Mateo 22 y la frase “ama a tu prójimo como a ti mismo” la encontramos en el Sermón del monte también donde Jesús expone la manera correcta de la aplicación de la Ley haciendo un paralelo con la entrega de las tablas de la Ley en el Monte Sinaí. Tablas que marcaban como debía vivir el Pueblo de Dios.

Leímos que un fariseo se acercó a preguntarle acerca del primer mandamiento, y esto fue algo que Jesús aprovechó para enseñar acerca de la importancia de la Ley en relación al amor y acerca de la estrecha unión entre el amor a Dios y al prójimo.

La respuesta a la pregunta ¿Cuál es el primer mandamiento? Es el fundamento de la vida del cristiano, la cual responde todas las preguntas. Si tienes dudas por ejemplo acerca de si es lícito pagar tributo a César, regresa a esta primera pregunta: ¿Cuál es el primer mandamiento?

Fíjate, la respuesta de Jesús fue que amemos a Dios con todo nuestro ser y de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Para poder dar sentido a nuestro entorno, tenemos que comenzar con Dios, empezamos a razonar siendo Dios nuestro punto de partida, por consecuencia si pretendemos amar a nuestro prójimo de igual manera tenemos que comenzar con Dios primero.

No podemos amar a nuestro prójimo, es más ni siquiera amarnos genuinamente a nosotros mismos si no amamos primeramente a Dios, y debemos entender que el amor a Dios es manifestado por la obediencia a Su Ley, esto hace eco a las palabras del mismo Jesús cuando dijo: “si me amáis, guardad mis mandamientos”.

Entonces no podemos amar a nuestro prójimo si no amamos a Dios primero por medio de obedecer sus mandamientos, y el primer mandamiento nos pone el estándar de cómo debemos amar a Dios, “con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” o sea con todo tu ser.

Esto habla de que el hombre es una unidad, no la idea griega que ha permeado el cristianismo moderno, de que hay una separación entre el espíritu y la carne; el cristiano al adoptar este pensamiento “fragmenta” su “amor” hacia Dios, “amándole” por ejemplo ciertos días de la semana, en ciertas áreas o priorizando actividades sobre otras porque algunas son más “santas” que otras. Dice amar a Dios pero lo hace “espiritualmente” solamente, cuando nuestro amor a Dios debe ser con todo nuestro ser, el hombre debe amar a Dios como una unidad, no solamente en las cosas “espirituales” sino incluso como dijo Pablo “ya sea que comamos o bebamos” debemos hacerlo para la gloria de Dios. Toda decisión es ética y en cada decisión tomada revelaremos nuestro entendimiento de lo que es amar a Dios.

Entonces amar a Dios debe ser con todo nuestro ser, sin reservas, como una unidad y en términos de Su Ley siempre, no como yo creo que debo amarle o como piensa el pastor que debemos amarle, sino como Dios dice que debemos hacerlo.

Solo después de entender esto es que ahora si tenemos mayor claridad acerca de como debemos amar a a nuestro prójimo, pero incluso antes de amar a nuestro prójimo debemos saber amarnos a nosotros mismos, y mucho cuidado con esto, porque no me refiero a lo que normalmente dice el mundo con respecto a amarse uno mismo, porque el mundo piensa que el amor es un amor sentimental y basado en deseos pecaminosos, sino al contrario porque cuando dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo”  debemos entender que el amarme a mí mismo no es en mis propios términos sino según los términos de Dios otra vez, Su Ley.

Como dice Romanos 13 el amor es el cumplimiento de la Ley.

⁸ No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

⁹ Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

¹⁰ El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Entonces grábate bien esto: El amor hacia Dios y hacia mi prójimo es en términos de la Ley de Dios.

Este es un tema relevante y mucho más en estos días que vivimos a causa de la pandemia, lo que vivimos estos días es una oportunidad que Dios pone frente a Su pueblo para que sea sal y  luz en el mundo, para que la Iglesia muestre el verdadero amor al prójimo. Lo triste es ver que la Iglesia se ha vuelto irrelevante en el mundo porque ha dejado de lado la Ley de Dios, por lo tanto no tiene un estándar de como amar a Dios y por consecuencia tampoco para amar a su prójimo.

En estos días el Estado ha tomado medidas limitando la libertad de las personas en “beneficio” de la salud, supuestamente, pero la realidad es que si no hiciera esto dejaría en evidencia su falta de capacidad para sobrellevar un problema de este tipo, dejaría en evidencia que efectivamente no es el “salvador” del pueblo. La Iglesia también ha sido puesta en evidencia porque no sabe qué hacer en estos casos, no sabe juzgar correctamente y en cambio decide obedecer al gobierno sin chistar, aunque éste mismo pase por encima pisoteando la libertad de la gente que dice “amar”. Esta situación ha dejado en evidencia también que la Iglesia no se ha preparado para situaciones como esta, se ha preocupado más por invertir en sus edificios que en prepararse apartando sus diezmos para la práctica de la misericordia.

Es evidente que muchos están a favor del famoso “quédate en casa” y pienso no debemos condenarlo sin antes analizar  cada caso en particular, porque cada caso es único y cada familia sabe que es lo mejor para ella, lo que sí es digno de condenar es que éste “quédate en casa” sea impuesto arbitrariamente (por cualquier autoridad) pasando por encima de la libertad de las personas, sin embargo, aún así muchos critican a aquellos que salen de su casa para ir a trabajar argumentando que son “irresponsables” porque al hacer esto ponen en riesgo la vida de otros apelando al “amor” hacia los demás. ¿Pero será una preocupación genuina acaso?

Santiago 2:14-17:

¹⁴ Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

¹⁵ Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,

¹⁶ y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

¹⁷ Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

¿De qué nos serviría exigirle a alguien que se quede en su casa, si con esto le privamos de conseguir su sustento? Y sobre todo si ni siquiera estamos dispuestos a proveerle lo necesario.

Sería una fe muerta ¿no?

El Catecismo menor de Westminster en relación al octavo mandamiento (no hurtarás) es muy claro.

P 75¿Qué se prohíbe en el octavo mandamiento?

  1. El octavo mandamiento prohíbe todo lo que impide o tiende a impedir injustamente la prosperidad y bienestar nuestro o de nuestro prójimo.

Entonces si impedimos injustamente la prosperidad y el bienestar de nuestro prójimo acusándole y prohibiéndole salir a conseguir su sustento diario apelando a un supuesto amor hacia los demás, perdón pero es hipocresía, porque no le estamos amando según la ley de Dios sino al contrario, le estamos robando.

Pienso es importante que como cristianos antes de pretender ser sal y luz, debemos aprender a amar según la norma que Dios ha puesto en Su Ley, sobre todo en estos días donde hay muchas manifestaciones de supuesto “amor.”

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