Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él. Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios. (Daniel 6:5)

La Historia de Daniel en la fosa de los leones es una historia de la clase política contra Dios y su siervo. El Rey Darío reconoció la fidelidad y habilidad de Daniel y lo puso por jefe sobre los demás burócratas y gobiernos. Por celos estos hombres buscaban algo contra Daniel para quitarlo de su puesto. No hallaron nada para acusarle. Reconocieron que no hay neutralidad entre la Ley de Dios y la ley del hombre y que la ley de un pueblo refleja quien es su dios. Los no creyentes reconocen que no hay neutralidad mejor que el pueblo de Dios.

Le hicieron una trampa a Daniel precisamente sobre este punto y el primer mandamiento, “No tendrás dioses ajenos delante de mí.” (Éxodo 20:5; Deuteronomio 6:7) La ley que la clase política sugería era un reemplazo del primer mandamiento. En efecto, el edicto dijo, “No tendrás dioses ajenos del Rey Darío.” La sanción por desobedecer esta ley era la pena de muerte en la fosa de los leones.

Ya sabemos como terminó la historia y quienes sufrieron la pena de muerte en la fosa de los leones. Dios siempre tiene la última palabra. La nueva ordenanza del Rey Darío era realmente un edicto del Dios Rey de todo el universo. Él que no se somete a la soberanía de Dios sufre las consecuencias.

“De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin.” (Daniel 6:26)

La clase política secular y la élite del mundo moderno tienen poder para hacer el mal porque el pueblo de Dios no los resiste. No los resiste porque no cree que su Dios sea el Rey soberano y omnipotente sobre los reinos de la tierra y que gobierne por su Ley.

Un Rey tiene un reino y una Ley. La clase política en los días de Daniel sabía que no iban a hallar en él ocasión alguna para acusarle si no la fuera en relación con la ley de su Dios. La clase política moderna no tiene temor del pueblo de Dios porque saben que este pueblo no cree que su Rey todavía gobierne en el tiempo por su Ley. Así que acepta lo que diga el gobierno secular, por malo que sea, sin queja porque lo acepta como si fuera la voz y ley de su Rey Jesucristo.