La Mujer Cristiana

Por Roger Oliver

La feminista insiste que el cristianismo hace del hombre dueño de su esposa. ¿Es cierto? Pues no. Es una idea grecorromana y no bíblica. La tabla doméstica de Pablo en Efesios 5:20 – 6:9 voltea esta idea enfatizando las responsabilidades del hombre en la familia, no sus derechos. Pablo dedica al esposo al servicio desinteresado hasta dar su vida por su esposa. En los tiempos modernos la Ilustración hizo de la mujer pura emoción incapaz de razonar y gobernar al lado de su esposo. Es el opuesto de la descripción bíblica de la mujer como la ayuda idónea, la contratarte indispensable, la imagen de espejo de su marido.

“La tragedia del movimiento de derechos de la mujer fue que, aunque había serios males que corregir, aumentó el problema, y aquí la resistencia del hombre fue responsable en gran medida. En lugar de restaurar a las mujeres a su lugar legítimo de autoridad al lado del hombre, los derechos de las mujeres se convirtieron en feminismo; puso a las mujeres en competencia con los hombres. Llevó a la masculinización de las mujeres y la feminización de los hombres, para desdicha de ambos.” RJ Rushdoony, La Institución de la Ley Bíblica p. 353

“La doctrina bíblica nos muestra a la mujer como administradora competente que puede dirigir todos los asuntos de negocios si fuera necesario, de modo que su esposo pueda asumir un cargo público como magistrado civil; en las palabras de Proverbios 31:23, Institución de la Ley Bíblica p. 353

“Una fe bíblica no considera a la mujer menos racional o menos inteligente que el hombre; su razón normalmente se orienta más a la práctica y a la persona en términos de su llamamiento como mujer, pero no es menos inteligente por eso.” Institución de la Ley Bíblica p. 354

Proverbios 31:30, Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza.

“No hay nada derogatorio de la belleza física en intención aquí, y, en otras partes de las Escrituras, especialmente en Cantar de los Cantares, se aprecia en alto grado. El punto aquí es que, en relación a las cualidades básicas de una ayuda idónea verdadera y capaz, la belleza es una virtud transitoria, y los comportamientos astutos, encantadores, son engañosos y no tienen valor en las relaciones funcionales del matrimonio.

Importante, de este modo, como es el papel de una mujer como madre, la Escrituras la presentan especialmente como esposa, o sea, una ayuda idónea. La referencia es, por consiguiente, no primordialmente a los hijos sino al reino de Dios y al llamamiento del hombre en Él. El hombre y su esposa juntos son llamados en el pacto a subyugar a la tierra y a ejercer dominio sobre ella.” Institución de la Ley Bíblica p 354

Feliz día a las mamás y ayudas idóneas.

El Problema con las Niñas Bonitas

El Problema con las Niñas Bonitas

Blog Joyness the Brave Octubre 3 de 2014 Traducción: Alberto Mansueti
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El año pasado yo estaba como RA (Asesor Residente en la Universidad), y veía rostros brillantes a escondidas a través de mi puerta preguntando si podríamos reunirnos a hablar. Me encantaron las chicas de mi piso, y estaba yo inspirada viéndolas estirarse, luchar y crecer; verlas me ayudó a crecer muchísimo también a mí. (Y si estás leyendo esto y eres de los madrugadores o nocturnos … hola, te amo!)

Pero avanzando el semestre, empecé a notar frases recurrentes en el vocabulario de muchas chicas, hablando sobre situaciones diversas como por ej. problemas familiares, novios presionadores, amistades intensas:

“No quiero aparecer como pesada (o presionadora, o ‘pobrecita’, o ‘crítica’).”

Ejemplos:

“Me siento incómoda con su manera de actuar… pero no quiero aparecer como pesada.”

“Me siento maltratada… pero no quiero aparecer como ‘pobrecita’.”

“Pienso que lo que hacen está mal y es dañoso para ellos, pero no quiero aparecer como quien se siente superior.”

Cuando comencé a notar esta tendencia, también empecé a notar parecidas tensiones en mí misma. Empecé a ver que persistentemente, en la parte trasera de muchas de las mentes de las niñas, ya sea de manera consciente o no, hay la idea de que tenemos que ser lo que me gusta llamar “niñas bonitas.”

Admiramos a las niñas “tiernas”, “dulces” y “bonitas”, y tenemos reacciones negativas ante gente que se siente presionada, herida, indignada, incluso experimentando dudas, y a menudo les percibimos como con “malos sentimientos”, los cuales debemos reprimir y orar al respecto, porque no estamos “pensando lo mejor acerca de los demás”.

Creo que la línea divisoria entre ser honesta y ser pesada es más delgada quizá para las niñas que para los niños. Se espera de la niña una cierta pasividad agradable: que sea honesta, ¡pero no demasiado honesta! ¿No te ha pasado? Y esto se agrava por algunas ideas populares sobre cómo debe ser la feminidad bíblica.

Dice I Pedro 3:3-4, “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.”
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