Los candidatos y sus profetas académicos ofrecen estadísticas y gráficos para corroborar sus promesas. Suena razonable y aún científico, ¿pero es cierto?

Primero, basan sus cálculos sobre cifras recientes para garantizar un futuro desconocido. Es el clásico error de asumir que una tendencia estadística continuará hacia el futuro fuera de la serie de las observaciones. Además, no consideran como las políticas que proponen pueden cambiar radicalmente los resultados económicos que tanto confían que van a continuar para siempre.

Eclesiastés 8:7, “Pues no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?”

Segundo, tenemos que lidiar con el mito de la neutralidad. No hay datos brutos no interpretados. Hay que evaluar sus premisas. ¿Cómo podemos identificar estas premisas? Lo que el candidato asevera sin argumento como si fueran hechos inatacables. Un ejemplo, un candidato asegura que el Estado de Bienestar atempera las desigualdades y hace posible la justicia social. He visto presentaciones con suficientes gráficos y números para abrumar a Einstein, pero poniendo mucha atención no pude ver como la información técnica apoyaba las aseveraciones.

Las cifras nunca mienten, pero los mentirosos pueden cifrar.

Como partidarios de nuestros candidatos, nos gusta oír que hay ciencia detrás de las promesas políticas. El que cuestiona tal ciencia durante la euforia de una campaña política es juzgado como un aguafiestas. Por eso se llama la economía la ciencia sombría, aunque dudo que sea realmente una ciencia. Queremos creer que el hombre es bueno por naturaleza, por lo menos los nuestros, y que la utopía es posible.

Mejor evaluar la ideología de los candidatos según las normas éticas/judiciales de Dios. Sus promesas son promesas y la dicha ciencia es cuestionable en el mejor de los casos. Lo que comienza con premisas éticas perversas siempre termina trágicamente. Cualquiera que sea capaz de evaluar la ideología de Hugo Chávez según las normas éticas/judiciales de Dios debería haber podido predecir que terminaría mal.