La admonición de Pablo en Tito 3:1 de sujetarnos a los gobernantes y autoridades no es un mandato de aceptar lo que sea que un gobierno maligno quiere hacer. Es más la táctica del cristiano para reconstruir su sociedad de abajo para arriba, de adentro del sistema que Dios ha permitido en vez de la revolución y destrucción, por medio del orden social de Dios en vez del caos de la anarquía.

Pablo nos exhorta de orar para todos los hombres incluyendo los reyes y todos los que están en autoridad. (1 Timoteo 2:2,3) ¿Con cuál fin? ¿Qué sean exitosos en todo lo que quieren hacer para “salvarnos” y atender al “bienestar” del pueblo? Pues no. Pablo explica el propósito así, “…para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad.”

Pedro nos anima a someternos a toda institución humana por causa del Señor, no por causa de la élite política. No nos deja en duda cuáles son las funciones del gobierno civil bajo Dios y de dónde es su autoridad, “…como por Él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.” Además, dice que la voluntad de Dios es “…que haciendo bien, hagamos callar la ignorancia de los hombres insensatos.” (1 Pedro 3:13-15)

El gobierno civil autorizado por Dios en Romanos 13:1-7 es siervo de Dios para la justicia, para castigar a los malos. No hay autorización para usurpar el rol de Dios e ignorar Sus leyes para la economía o determinar el bien y el mal aparte de Dios. El gobierno que legaliza lo que Dios ha prohibido no es Su siervo, es un gobierno sin ley.

Oramos que Cristo ponga tal gobierno bajo sus pies, no que bendiga todo lo que la élite política quiere hacer.