Bojidar Marinov

La clase política, sea liberal o conservadora, es anti-individuo. Son colectivistas y desprecian la auto-confianza e independencia de la persona. Hillary Clinton escribió que la función principal del gobierno es criar a los niños, los padres tienen un rol secundario.

Todos hemos escuchado del Gulag en la Unión Soviética, el lugar horrible para los enemigos del estado. Gulag significa ministerio de los campamentos. Lo que no hemos escuchado es que el Gulag tenía campamentos para niños, muchas veces secuestrados de las familias que el estado considerabacomo riesgos políticos. Tenían niños tan pequeños como de tres años de edad. Oficialmente, ejecutaron a niños desobedientes de 12 años y más, pero hay evidencia que ejecutaron a niños de 6 años si los consideraban incorregibles.

Los conservadores son igualmente anti-individuo y colectivistas. Votan por más impuestos, por la educación pública y el respeto para las autoridades sin considerar si son buenos o malos.

Y la iglesia no es exenta. Predica a favor del colectivismo del estado basado en malas interpretaciones de Romanos 13:1-7 y el pasaje en los evangelios en que Jesús dice, “Rinde a César lo que es de César” sin considerar si los impuestos son justos según la misma Biblia. (Mateo 22:21; Marcos 12:17; Lucas 20:25) 1 Samuel 8 dice que 10% es tiranía.

Hay una forma de individualismo que está mal, el individualismo teológico. Este tipo de individualismo dice que las demandas de la Ley de Dios, y como consecuencia la salvación, es para los individuos; pero las culturas, las instituciones y los gobiernos son exentos de sus demandas. Este tipo de individualismo insiste que somos mandados a ser personalmente justo, pero la cultura, el arte, la ciencia, la economía, el gobierno son esferas neutrales. Creen que no nos toca la injusticia en la cultura, en el gobierno, en las instituciones.

Pero cuando la iglesia predica contra el individualismo no es contra este tipo maligno. A los políticos, nos les gusta oír que deben ser sujetos a la Ley de Dios. Predican que cualquier fe que tenemos debe ser privada. La cultura y el gobierno se deben dejar en las manos de la élite política.

Esto es el antiguo paganismo. El paganismo contra el cual Israel y la iglesia primitiva tenían que lidiar era el colectivista. No respectaba al individuo porque no tenía propósito para la persona ni una teoría de la persona. El mundo, y las teorías de la sociedad del paganismo, veían la sociedad como una unidad. El individuo que sabe pensar por sí mismo es un riesgo para el estado colectivista. Según estas ideas, la persona tiene acceso a cualquier dios que existe sólo por medio del super-humano, el rey o en unas iglesias modernas, el pastor o apóstol.

Aristóteles dijo que el hombre es un animal social, necesita la sociedad, y el hombre que no necesita la sociedad es una bestia o un dios. El ser humano verdadero queda en sacrificar su personalidad, su individualidad, al colectivo en todo.

No podemos entender la historia de Egipto, Asiria, Babilonia, Grecia, Roma, el califato musulmán, el imperio azteca e inca, y la unión soviética si no entendemos esta característica fundamental del paganismo: está fundamentado en el colectivismo y el estatismo.

San Agustín descubrió la base para la personalidad en sus estudios de la Trinidad. Antes de Agustín, el Nuevo Testamento estableció la persona como un agente moral responsable a Dios y así permitido, aún mandado, a desobedecer a los hombres cuando sus agendas y políticas desobedecen a Dios.

1 Corintios 11:2ff, establece una jerarquía del hombre a Cristo y no a ninguna autoridad humana.

El Antiguo Testamento también estableció una sociedad de individuos auto-gobernado según la Ley de Dios sin un poder humano central y sin políticas de un gobierno civil humano. En 1 Samuel 8 Dios dijo a Samuel, “Quieren un rey porque no quieren que yo gobierne sobre ellos.” Las promesas proféticas acerca del nuevo pacto y el reino de Dios en la tierra, dijeron que nadie iba a tener que enseñar a su hermano (Hebreos 8:11) y que todos se sentarán bajo su propio árbol de higo y su propia vid (Miqueas 4:4; Zacarías 3:9).

El mentor y profesor de Agustín era Ambrosio, el obispo de Milán. Reprendió al César Teodosio, “No tienes el derecho de entrar en una casa privada. ¿Por qué piensas que puedes entrar en la casa de Dios?” Teodosio había amenazado de venir personalmente para apoderarse de la iglesia de Ambrosio. Tal manera de hablar a una autoridad civil era desconocida al mundo antiguo pagano. Pero un obispo cristiano tenía que hablar así al César porque su fe así lo decía, que tenía que desobedecer los poderes del mundo para obedecer a Dios.

Para Dios, el poder y el gobierno no son iguales. La base del gobierno de Dios en la tierra es el auto-domino o auto-gobierno de la persona misma. El individuo trabaja para cumplir su parte del propósito de Dios de dominio y redención bajo Dios. Más grande el poder, menos encargado al gobierno humano por Dios. El Rey del universo, Jesucristo, vino para servir, no para ser mandón, y así dio el mero ejemplo del gobierno piadoso.

El gobierno tiene que ser auto-gobierno en primer lugar porque Dios no se glorifica en los imperios poderosos que usan a la gente como si fueran animales o cosas y los mandan a la muerte o les imponen impuestos hasta el olvido, sino en la gente común, cada persona trabajando en su llamado en la presencia de Dios. El hombre puede ser parte de la sociedad pero no es necesario para ser una persona humana verdadera. Contrario a Aristóteles, un ser humano puede estar a solas y permanece humano mientras está en su lugar en el pacto de dominio de Dios para sojuzgar la creación para la gloria de Cristo. Y este pacto de dominio será cumplido por individuos, hombres y mujeres auto-gobernados trabajando bajo Dios en un pacto con Dios y entre sí y en sumisión mutua y voluntaria unos a otros.

Y a esto es lo que teme la élite anti-cristiana de nuestros tiempos. De hecho, es lo que la élite anti-cristiana en toda la historia ha temido y ha odiado con todo su corazón y mente, con sus políticas, regulaciones y legislaciones. El auto-gobierno y la sumisión mutua y voluntaria – aún entre los inconversos – eventualmente obra para el Reino de Dios porque sólo hay un Dios quien puede guiar cada individuo personalmente y directamente por medio de su Espíritu Santo sin dejar su lugar como el Rey del universo. La élite política no puede trabajar por medio del auto-gobierno, tienen que destruir la individualidad de las personas para gobernar. Dios puede gobernar perfectamente bien por medio de las personas libres, independientes y auto-gobernadas. La élite pagana sabe que no puede competer con esto y le da miedo. Lo sabe mejor que la mayoría de los cristianos.

El establecimiento o la restauración de una cultura cristiana sólo empezará con la restauración o establecimiento del concepto del auto-gobierno porque es la naturaleza del ser humano de ser auto-gobernado y sojuzgar la tierra bajo Dios. El auto-gobierno es la auto-disciplina ética de obedecer la ley de Dios como individuo. Pero no sólo es esto, es también ser valiente moralmente para pararse contra los intentos de los colectivistas y socialistas tanto conservadores como liberales y frustrar sus intentos de sojuzgar nuestra sociedad y a nosotros a sus agendas impías. El auto-gobierno bajo Dios produce la sabiduría ética para saber cuándo y cómo desobedecer y oponerse a los poderosos de nuestros tiempos cuando ellos desobedecen y se oponen a Cristo.

El pacto de Dios es inclusivo y exhaustivo. Incluye todas las áreas de la vida humana, cada individuo, cada institución y actividad de la raza humana. Pero no hay institución humana al centro del pacto que sojuzga al pueblo a su voluntad. En el centro hay individuos libres, auto-gobernados bajo Cristo, cada uno bajo su propia vid y árbol de higo. Son auto-gobernados hasta saber cuándo obedecer a las instituciones humanas y cuándo desobedecerlas para obedecer a Dios.

Se dice que una característica del pueblo de los EEUU es su robusto individualismo. No nació de la nada. Fue el producto de 17 siglos de desarrollo de la doctrina y cosmovisión cristiana. La Reforma fue clave en este punto con su doctrina del sacerdocio universal del individuo bajo Dios. Nuestros políticos y cleros odian esta doctrina porque odian la doctrina y cosmovisión cristiana que creó este individualismo y personalidad. Para frustrar el mandato de Dios al dominio, la élite tiene que reemplazarlo con dominio de poder del estado sobre las personas. Pero la persona auto-gobernada bajo Dios no es sujeta al dominio del poder del estado. Esto es lo que hizo el cristianismo peligroso para el imperio romano y también para los tiranos modernos.

Y debemos ser peligrosos.