¿Qué podemos aprender de las elecciones pasadas?

Visión America Latina

¿Qué podemos aprender de las elecciones pasadas?

Ricardo G. Ojeda

27 / 08 / 2018

El pasado 1 de julio de 2018 en México se vivió lo que a muchos les gusta llamar “una fiesta democrática”, donde el pueblo eligió a sus futuros gobernantes. En ésta ocasión el pueblo votó para elegir presidente de la república. Desde meses atrás se empezó a suscitar entre los cristianos un fenómeno bastante interesante, y necesario quiero pensar, donde a través de artículos, videos y en redes sociales principalmente los cristianos dieron evidencia de su cosmovisión, dejaron ver hasta qué punto están siendo  verdaderamente consistentes con la religión que dicen profesar. Mientras se acercaban las votaciones este fenómeno empezó a intensificarse más y más, las publicaciones comenzaron a volverse cien por ciento humanistas, y que decir después de las votaciones, peor aún, un becerro de oro fue levantado y adorado, si bien éste becerro de oro ya había sido fundido, ahora abiertamente es adorado. R.C Sproul dijo:

“El estatismo es el enemigo natural y definitivo del cristianismo porque implica una usurpación del Reino de Dios”

Desgraciadamente al pueblo de Dios le cuesta reconocer a su verdadero enemigo y esto es porque ni siquiera puede distinguir claridosamente entre lo que es lo bueno y lo que es malo delante de Dios. Imagina esto, naciste con dolor de muela, pero si nunca nadie te dice que lo sientes es un dolor de muela vivirás pensando que es normal y tal vez nunca visites al dentista, de la misma manera si nacimos con el estatismo y se ha vuelto tan natural y necesario como el aire que respiramos, nunca le reconoceremos como una amenaza a nuestra libertad. Algunos cristianos reconocen que hay algo mal con el Estado pero no terminan por identificar el problema, buscan la solución a la inseguridad, a la falta de justicia, a la pobreza, pero acuden al Estado para que éste les resuelva estos problemas, pensando que algún gobernante con buenas intenciones logrará el éxito anhelado. Desafortunadamente esto no es cosa de pagar un buen anuncio de televisión o algún espectacular en alguna avenida principal en la que hablemos a los cristianos diciéndoles que el Estado es el enemigo más peligroso del cristianismo, simplemente no funciona de ésa manera. El problema va más adentro, el problema tiene que ver con nuestras presuposiciones. Una cosmovisión es una red de presuposiciones que determinan la manera en la que vemos el mundo a nuestro alrededor. Así que si nuestras presuposiciones no están cimentadas en la palabra de Dios, nuestra cosmovisión será una cosmovisión pagana. Recordemos el pasaje en Mateo 7:24-27 donde Jesús dice:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”

Si nuestro pensamiento no parte del hecho de que la Palabra-Ley de Dios es verdad y aplicable a toda esfera de nuestras vidas, seremos como ese hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Una cosa es decir que la Palabra de Dios es verdad y otra muy diferente es el llevarlo a la práctica. ¿Qué cosmovisión piensas que tenían los Israelitas del capítulo 8 del primer libro de Samuel al pedir rey como las demás naciones? Evidentemente una cosmovisión pagana. No les importó la advertencia por parte de Samuel de volver a ser esclavos. Lo mismo sucede con el cristiano moderno, no le importan las sanciones que Dios impone a las naciones que le rechazan, no aprende de la historia, porque sus presuposiciones están tan cimentadas en el paganismo que su “cristianismo” es meramente “dominguero” si acaso. A través de la historia cuando el Estado se ha visto incomodado y doblegado ha sido porque hombres y mujeres fueron consistentes con su fe, poniendo su obediencia a Cristo Rey y a su pacto incluso por encima de sus vidas. Tenemos el ejemplo de Sadrac, Mesac y Abed-Nego en el capitulo 3 del libro de Daniel, donde se negaron a adorar la estatua que el Rey Nabucodonosor había levantado, se negaron porque reconocían que había un solo Rey el cual era el único que merecía adoración y el único que podía librarlos. A diferencia de ellos, los cristianos modernos dirán “Dios puso a Nabucodonosor como rey, así que hay que obedecerle en todo lo que éste mande”. El fenómeno que mencioné al inicio, en el que los cristianos dejan ver sus presuposiciones ya sean humanistas o bíblicas, pienso es algo necesario y útil porque así por fin podemos caer en cuenta de qué tan necesitados estamos de la enseñanza de la Ley bíblica y de las implicaciones por obedecer y desobedecer a ésta. Y sí, debe enseñarse desde los pulpitos, pero es responsabilidad principalmente de los padres de familia el tomar también ésta responsabilidad de instruir a los hijos en la Ley de Dios para que puedan discernir sabiamente entre el bien y el mal, entre la tiranía y la libertad. El cristiano debe de poner lo místico y lo sentimental de lado y empezar a juzgar todas las cosas según la Palabra-Ley de Dios. Para algunos, el pedirles evaluar a los candidatos desde la Escritura fue tomado a mal, el mencionar que todo gobierno debe someterse a Cristo, una utopía, algo fuera de la realidad. Lo verdaderamente irreal y utópico es el querer las bendiciones del cristianismo (justicia, libertad, prosperidad, salud, etc.) sin el Dios del cristianismo.